Asma

No se trata de culpas ni olvidos
se trata de un dolor que transita
en doble sentido
respirándonos cual partículas de polvo
envueltos en silencios recluidos.

Recuerdo que de pequeño fuimos muy unidos
recuerdo las cosquillas, la leche caliente
los latidos.
Recuerdo cada mirada de orgullo
y cada incomprensión sin apuro.

Pero el tiempo nos fue ahogando
nos fue quitando las ganas de seguir intentando
yo refugiado en la farsa de una errada cura
y vos angustiado en el recelo de los desahuciados.

Y fue quizás por eso
que me bastaron treinta años
para admitir el duelo.
Quizás fue por eso
que agoté la duda
y mordí el anzuelo.
Quizás por eso para vos
me alejé del cielo.

A veces quise hablarte
a veces no quise escucharte
retraído por una rabia absurda
en el forcejeo de mi amargura
te cobré deudas que no eran tuyas
llenándonos el alma de fisuras.

Y saber que cada abrazo que no doy
me deja sin aire
saber que cada palabra que no dices
nos sumerge en lo inevitable
seduciéndonos ante la pericia de este ahogo
volviéndonos bóvedas sin cerrojo.

¿Serás capaz de perdonarme?
¿Seré capaz yo de verte a los ojos y entregarme?
con las manos caídas me rindo ante el amor de un padre
que entre tantas carencias encontró su arte
y me enseñó a caminar en un mundo de extraños
para sentirme seguro con mis ojos cerrados.

No se trata de quién fue el culpable
se trata de la exigencia de lo irremediable
yo con mi sentido en cuesta opuesta
vos con el asma que condenó tu esencia.

 

Para mi padre. 

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Imagen “Father and Child” por Aleksandra Idasiak.

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El advenimiento.

Es muy distinto todo ahora. Las fumarolas encendidas de los basureros en llamas, anuncian que el frío por fin se ha asomado. Allí yacía él, petrificado ante el paisaje urbano al que estaba acostumbrado, pero del que no había logrado enamorarse. Han pasado dos años desde su última vista y a pesar de las diferencias aún se pregunta ‘¿realmente habrá cambiado algo?’.

Sus manos ya no son las mismas, sus ojos no miran igual. Su corazón palpita a un ritmo inocuo y su rostro refleja el cansancio de los años. Nunca tocó el piano o entregó el poema que escribió para su padre. Aún carga la vieja mochila repleta de resentimientos. Aún le duele lo incurable. Sin embargo allí, de pie frente a un mundo que no se detiene, se detuvo él. Se detuvo a sembrar raíces en su mirada e intentar abofetearse a sí mismo por testarudo. Frenó su paso y pidió perdón porque sabía que jamás volvería; que con nostalgia por mucho este recorrido sería su despedida.

Los errores no son gratis. Y al no tener suficiente valor para saldar su deuda, decidió rendirse. Sus pies se negaban a caminar inertes por las vías férreas de un espejismo. Recordó al viejo indigente que con su mirar le dictó su destino. Un reflejo de la apuesta y las medallas rotas; jugar a ser dios es de cobardes. Se quitó la vida tantas veces, mientras volvía a sus espaldas el jersey azul de cuello verde. Construyó tantas veces las mismas murallas, que ya sus manos no podían ser fuertes.

De rodillas cayó al asfalto, rompiendo aún más sus pantalones y su rabia. Rogó con ansias el adiós concedido. Pidió ese deseo al viento, tal cual lo hizo cada domingo. Cada primero de enero a la luz de aquel abismo, donde alguna vez dejó que volasen sus cartas, sus letras ciegas, su gloria bastarda. Sabía que su voz era escuchada aún cuando estuviese gastada, pero su petición parecía hacerse aguardar, en medio de una sala de espera llena de arrogancia, donde se escuchaban los gritos de auxilio de una duda pariendo esperanza.

Solo se puede volver a comenzar cuando la batalla la gane el olvido. Triunfo voluntario de la resignación. Ató sus botas nuevamente, miró con desprecio a toda la gente. Volvió a sacudir sus hombros para arrancar el polvo de las puertas que nunca cerró. Con su puño cerrado y una lágrima a cuestas, un último verso susurró. Hora de muerte, tres con veintitrés.

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Imagen “Agoniza el tiempo”, autoría propia.

Este es un relato hermano de “Adagio: Un adiós concedido” (2014) y de “Volver a comenzar: Un soneto de olvidos” (2016). Este relato da fin a la trilogía de historias reflexivas en torno a la vida, el arrepentimiento y el tiempo. 

Niño de cristal

No intento sonar pesimista
ni de grises, sol autista
presento las variables dispuestas
en una historia convexa
llena de calaveras y respuestas,
ella se asoma
la calma ha sido expuesta.

Dos gotitas por la noche
una pastilla a cada brote
adormece lo que duele, lo que hiere
adormece todos los sentidos
la razón de su delirio.

Como magia en una poción
se atraviesa el corazón
con la daga que infringió
la ley del gran señor
por entrar donde no debía
por gustarle tanto
su valentía.

Respira y cuenta hasta diez
recuerda no desfallecer
las piernas tiemblan una vez
ojos que lloran no ven
ojos tristes del ayer.

Un beso y una traición
una consciencia sin temor
se arroja sal fuera de la puerta
y una candela anhela ser discreta
para no ser culpable del incendio
de esta locura, su remedio.

Un río, el sol y una canción
el secreto está en la respiración
alejarse no es solución
los pies son guiados por ambición
a la cuna de todo mal
al rincón de lo que es usual
una copa sin usar
pobre niño de cristal.

Reza, reza que es domingo
dale al púlpito su hijo
juntar manos en devoción
este rito una adicción
crucifico la pasión
cordón laxo de la redención.

Avem caelo
gaudium avem
pacem creatura
bonum fake.

Las torturas del porqué
pobre criatura
fingir el bien
niño de cristal
niño de papel
corre pronto
muda de piel.

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“The boy” by Diane Arbus.

Hábito

Un temor injusto a la disponibilidad
saberme ahí pendiente
te vuelve aún más indiferente
y yo me recluyo en los oídos de los demás.

El sabio y sus escudos
la rabia y sus insultos
mis manos no lastiman, te lo juro
déjame liberarte del mal.

Nos olvidamos en lo diario
vernos la cara es lo ordinario
nos hundimos en lo cotidiano
dimos por sentado lo que era amar.

Es un hábito. Un hábito.
Ay casi nos llega a matar.
Un hábito. Maldito hábito.
Ese de creer que se puede ser sin estar.

Las voces familiares
la risa de los ángeles guardianes
mentiras blancas imperdonables
se ofusca el deseo de probar.

Una cama usada en ocasiones
para dormir y otras para follar
algunas veces para morir
y otras cuantas para llorar.

Nos ocultamos en lo rutinario
dóciles ante ese carcelario
que es el tiempo y sus sicarios
nos ocultamos la verdad.

Fue un hábito. Un mal hábito.
Nos hizo tropezar.
Un hábito. Maldito hábito.
Ese de creer que el amor siempre estará.

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“Indiferencia” por la pintora chilena María A. de Campos.

La cura.

Fábula irónica, sin escape ni ilusión
puedes ver los pies de las preguntas
en un sillón sin piel,
pero no puedes ver mis acertijos
en una noche de papel.

Permanezco aquí desnudo
incrustado en la pared
erecto entre las hieles
de un refrán francés
a la espera de los ojos crueles
que vuelven objeto al placer.

Cabizbajo vuelvo
al pánico de mi razón
con las ansias de ser viejo
y caducar el dolor
mas no se detienen las tormentas
ni en las tardes más quietas
no se aburren las puertas
de abrirse a la tentación.

Y qué es un pacto, sino palabras
mentiras en estado de gestación
duelen más las causas falsas
y el engaño con intención
ver tus ojos en mis entrañas
dispuestos a la negación
de un hecho sin fe ni actas
más que el rumor de salón.

Histriónica melodía, que no canta verdades
solo asemeja la parodia
en una retórica redundante
¿ves lo que estoy haciendo?
en círculos me manejo
mientras manipulo a las horas
de un lejano laberinto
mientras me deshago de las ropas
que me ha dejado mi vicio.

Tan solo la cura podrá salvarnos
quien puede decir
si el amor es suficiente.

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“Dancing in the sun” by Martin Capek.

Iglesia

Y esta iglesia es mi refugio
para resguardar mi cabeza de la lluvia
en medio de sus sombras imploro
que caduquen las angustias
un septiembre sin sol
las tardes impuras
lágrimas que se las lleva el rencor
en los caños de aguas turbias.

De rodillas me confieso
ante imágenes insulsas
y con palabras les ofendo
no soy quién para juzgar la lluvia.

Pensándome, juzgándome.
el ejercicio sin censura.
Limpiándome, sanándome
para eso sirven las penumbras.

Y esta iglesia es mi refugio
de tormentas taciturnas
aquí mis pies se quedan secos
y quietas mis dudas
en medio de un techo que oculta estrellas
y se pintan halagos a una tumba
perdono mis pecados
tan solo para salir de nuevo
a mojarlos con la lluvia.

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“Shelter” by Matt Cauley.

Luz de medianoche

Siento que se me acaba el tiempo
el tiempo se acaba y yo sigo quieto
quieto en la penumbra de un sueño
sueño que se disuelve en la rabia y el estruendo.

Siento que la vida es tan solo un momento
un momento de repeticiones galopantes al viento
viento que devuelve la raíz de hechos
hechos que violentan la paz de mis viejos.

Siento que no avanzo y que se me agota la fe
fe que abunda en la boca de mi madre mientras yo me muero de sed
sed que se alimenta de mis miedos y mis males
males que atormentan con duda discursos fundamentales.

Siento como la piel arde ante la zozobra
zozobra que silencia con los años mi derrota
derrota que recuerda la herida abierta
tan abierta como está la puerta de mi espalda rota.

Y, ¿qué si usted se vuelve citadino de este caudal de ruidos necios distraídos?

Y, ¿qué si usted se vuelve la burla ciega de los fallecidos?

La vida se sienta a ver como tejen las marmotas, como saca a pasear la política a sus mascotas.

Y, ¿qué si usted se sienta frente a frente, a este rostro que lleva marcadas las mentiras más corrientes?

Y, ¿qué si usted se olvida por un momento de mi nombre?, para abrazarnos vagabundos a la luz de media noche.

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“Empty”, Unknown author. 

Primero de Junio

Millones de estelas
rastro que deja la esencia y el recuerdo
lluvia que cesa el silencio
a mi lado enfriando el fuego
mientras se calienta el tormento
luz tenue
se nubla el cielo.
       bbbbbbbb  
Millones de kilómetros
bastaron para separar la voz del cuerpo
dejar sentir
valiente
sincero
dejar salir
todo lo que se ocultaba dentro
cofre infeliz
un mar muerto.
                      bbbbbbbb  
Millones de indultos
se enjuicia la verdad
yo como juez y parte
me condeno sin piedad
me anuncio sanciones que no existen
incauto yace en mi pupitre
relato vago de un hombre errado
que sin saber discursos
quiso ser libre
y se ató sensible
al bando de lo incomprensible.
                      bbbbbbbb    
Millones de razones
para encausar mis junios
bandera blanca
que hundió mis ritos
habitaciones y secretos
copas y atuendos
cubrí mi rostro con vello
y mis manos con lamentos
murmullos de pasillo
insultos de cemento.
                             bbbbbbbb  
Millones de excusas
que caducan en mi pecho
se extinguió la razón
por un momento
dio paso al pudor
la sal
el suelo
se hinchó lo incierto
la pasión y los sueños
corrió desnuda la paz
mis cimientos
conocí su ciencia
y sus miedos
besé el final
y me entregué
muy quieto.
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“Failure” by Brooke Shaden.

Pajarito

Vuela, vuela mariposa
vuela, vuela sin parar
busca ansiosa la penumbra
canta sola sin dejar
de observar sus alas rotas
paradigma del azar.
 
Vuelan, vuelan las gaviotas
vuelan con su rumbo al mar
presumiendo estar seguras
en su credo sin mirar
las plumas que se abruman
la brisa cede ante su andar.
 
[Coro]
 
Amor mío, amor de lejos
mi pedacito de felicidad
vuela pronto, vuela atento
déjame irte a buscar
que te amarro con mis pensamientos
que estoy más vivo si tú estás
vuela, vuela pajarito
ven corriendo a la gran ciudad.
 
Vuelan, vuelan los poemas
hojas sueltas
sin autor y sin final
viajan solas inexpertas
palabras secas no se quedan quietas
queriéndote enamorar.
 
[Coro]
 
Amor mío, amor de lejos
mi pedacito de felicidad
vuela pronto, vuela atento
déjame irte a buscar
que te amarro con mis pensamientos
que estoy más vivo si tú estás
vuela, vuela pajarito
ven corriendo a la gran ciudad.
 
[Puente]
 
Y el rocío cae tímido
llovizna de algoritmos
vuela vuela pajarito
cuéntale que le quiero
como a nadie he podido amar
cántale esto al oído
dile atento que su corazón
es mi hogar.
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“The Heart” by Laura Makabresku.

La Doña Muerte

[Coro]
 
Y yo bailo con ella, bailo al ritmo de un vals
Coqueteo con sus cejas
La doña muerte y su ritual
Le lanzo besos y no me detiene
Celebra bodas en mi funeral
Sabe muy bien que es lo que quiere
Y a quien al diablo ha de entregar.
 
Las campanas de la iglesia acusan
En un pueblo ajeno donde me fui a pasar
Con las penas descalzas y las consciencia sucia
Tomando vino en el solar
Borracho estaba ya de la angustia
Y me dispuse a celebrar
Que la vida no siempre es justa
Y no por ello me negaré a bailar
 
Y es que se anuncia prominente
Juega de astuta, sabe engañar
Con flores rosa la santa muerte
Barre la escoria, sale a probar.
 
[Coro]
 
Y yo bailo con ella, bailo al ritmo de un vals
Coqueteo con sus cejas
La doña muerte y su ritual
Le lanzo besos y no me detiene
Celebra bodas en mi funeral
Sabe muy bien lo que quiere
Y a quien al diablo ha de entregar.
 
Sabe muy bien a quien he besado
Y que mis labios saben a sal
Lleva un recuento de mis pecados
Mentiras turbias y sexo casual
Sabe que olvido las intenciones
Y que de noche me suelo disfrazar
Sabe que tiento a los temores
Y me revuelco con Eva y Adán.
 
[Coro]
 
Y yo bailo con ella, en una danza tribal
Coqueteo con sus tetas
La doña muerte y su ritual
Llego a besarla y no me detiene
Celebra vidas en mi funeral
Sabe muy bien a quien no quiere
Pero a este diablo se ha de entregar.
 
Ay ay ay la doña muerte
Traigan las velas que ya es noviembre
Abran las telas de su portal
Ay ay ay la santa suerte
Lanza los dados, todo es azar
Caducan años muy lentamente
La doña muerte ay ay ay nos va a llevar.
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“Catrina a la Marilyn” Autor desconocido.