Out of the woods

Remember when we grew up
under the ocean of our love
drowning fears, breathing hopes
that last forever.

The craving of the young
feeds the monsters that were sold
by those who were afraid of us
instead of join our colours.

That’s when the wind started whispering…

We were out of the woods
seeing the world fall through
we were dancing outside
the atmosphere turned blue
we were so damn high
just the universe and you
together we figured out
how to get out of the woods.

The sunset covering the trees
rays of freedom and honesty
embrace the branches of our dreams
so we could fly together.

We just held each other hands
we were connected through our veins
in the land of no regrets
where the night is our shelters.

That’s when stars started praying…

We were out of the woods
can you see us right through?
leave your chains aside
share our illusions too
throw your past behind
begin again with us two
together we’ll figure out
how to get you out of the woods.

We were foxes hiding in the trees
they tried to hunt us cause we were so free
music’s never gonna be too loud
to scream redemption songs with our mouths
we made the wolves of hopeless believe
so whenever you look to the sky, you will be looking at me.

So aren’t you out of the woods?

We were out of the woods
seeing the world fall through
we were dancing outside
the atmosphere turned blue
we were so damn high
just the universe and you
together we figured out
how to get out of the woods.

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“Out of the Woods”. Fotografía propia. 

Una pausa

Como agua que corre
que se escapa de mis manos
así me huye el tiempo
me huyen los extraños
yo no concuerdo
y me hago más preguntas
de lo necesario
tal vez sea un camino errado
un patrón malformado
tal vez sea solo el viento
guiando mis pasos
hacia el barranco
de mis propios engaños.
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“Waiting” por el pintor holandés Josef Israels. 

Yo también veo elefantes en el cielo

Hay rasguños en mis piernas de tanto salto que ando dando,
hay madrigueras en mis orejas donde vive un zorro colorado
traído desde el sur, desde la pampa de lo cotidiano
y aunque todos lo decían, el mundo no le había domesticado.

A veces paseo por los parques viendo a las gentes
su ruido, su humor, las lágrimas escondidas, su arte.
A veces les pienso sin hablarles, no vaya a ser que me contagien.

Se paró el sol un día a observarme, me habló de su angustia y disparates,
me contó de cómo en su cielo se pasean elefantes
le asusta cuando le nublan tanto rayo dedicado a iluminar y deslumbrar
a darle luz al ciego y voz al sordo, todo sea por robarle a las golondrinas su asombro.

Es que entonces recordé aquellos días nublados,
la tristeza también ilusiona cuando se torna momentánea,
recordé haber visto elefantes grises escondiéndose en las montañas.
Siempre hay claridad que se cuela entre las ramas, vuelven los días verdes y a la tierra morada
anuncian que a veces la calma es aparente y que la lluvia no moja todas las ventanas
que así como los elefantes mis sombras matan con su majestuosa labia
la felicidad no es permanente, construirla cada día que pasa es quizás la mayor de mis proezas.

Las hojas muertas - 1956 - 74 x 60 cm.

“Las Hojas Muertas” por Remedios Varo, 1956.

Pies Tristes

Una ballena azul me contó sus más íntimos secretos
mientras yo convertía mi cama en un barco para navegar
los mares turbulentos de la soledad
intentando ser náufrago alguna vez
en aquellas tierras donde no exista lo común o lo usual
donde la costumbre sea un mito de barrio
o un relato para asustar.
Empaqué mis notas con sueños dibujados
y un par de pies tristes con los que solía caminar
que esta vida se trata de recordar y de olvidar
de ser único y simple,
de correr como las aves
y rezar como un pez,
de buscarle sentidos a este turno
y a todos los que nos dispongamos tener.
Yo por mientras le robaré la razón a los astros,
me perderé para ser constelación
guiar aquellos que ya no se aferran a la tierra
y que como yo zarpan en sus barcos de tela
esperanzados cada quien
de su propio cuento llegar a leer.

Michal Macku

Fotografía por Michal Macku. 

El susurro de un extraño

Y entonces la mujer preguntó al extraño, ‘¿qué harías de mí?’; a lo que él sigilosamente respondió con un largo susurro en su oído…

Una vez a solas, recogería tu cabello con sutileza para dejar el cuello soberano. Besaría suavemente cada trozo de piel como si pudiese darme sorbos de tu vida a través de ellos. Me devolvería a tu rostro a verte los ojos bien de cerca, a compartir el aire con la boca abierta para acercarte suavemente.

Tus pechos en mi torso desnudo, servirían de antesala para un roce de desesperación, donde mi lengua cave cada esquina de tu vocación. Bajaría despacio, utilizando mis labios como anclas por tu cuerpo. Aferraría mi boca a tus senos como si de eso dependiera mi vida entera. Mis manos rodearían tus caderas como cadenas de un día, con mis dedos en tu espalda con mis yemas recorriendo ese campo de batalla. Las dejaría caer en peso libre, para que se sujeten de nuevo a tus temblorosas piernas de cristal; mi lengua se encargaría de abrir el telón de tu sexo, mojando cada esquina con un turbulento movimiento, que te haga olvidar que la muerte existe, haciéndote sentir lo más viva posible.

Todo mi rostro incrustado entre tus piernas, como un Rousseau buscando la razón a ciegas, dejándose guiar por el tacto innato de un cuerpo celeste, respiraría dentro de ti. Me levantaría solo para verte el rostro de nuevo y que me des tu aire, ese que a mi en lo absoluto me faltaría, no sin antes sujetar mis manos y mi ser contra el tuyo en una especie de mancuerna maldita, donde ambas almas fuesen un solo peso en carne anclada. Sin usar las manos y con un movimiento intencionado, insertaría mi miembro en tus entrañas, para bailarte desde adentro en la más salvaje de las litúrgicas hazañas.

Te sujetaría contra la pared, mientras tus piernas se aferran a mis nalgas, tu cabello recorriendo mis consciencia y mi alma. Te besaría como si ya no me quedara más vida e intentara robar la tuya, nos tumbaría en la cama para ser uno con las sábanas, hasta sentirte como agua que recorre mis partes más humanas, oírte gritarme al oído las verdades más ingratas, mientras gimes de placer con las uñas en mi espalda. Te bañaría con mi esencia más brutal todas tus mañas, cediéndote un poco de mí, para desaparecer luego, despacito por la mañana.

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Frida Kahlo fotografiada por Julien Levy. 

Los niños bonitos

Como nacidos en el mismo sitio
se concentran todos
los niños lindos, los niños bonitos
los niños de papá
con su ropa cara
y sonrisas de cristal
se aglomeran todos
comienzan a aullar.
 
Míralos llegar
que pronto no estarán
los niños bonitos
solo saben jugar.
 
Me muerdo las uñas
al verles pasar
traté de seguirles
sin poder llegar
no fui uno de ellos
mi nombre no puede hacer eco
ni pronunciar correcto
Au revoir.
 
Los discursos secos
se escuchan, se anuncian
son muchos los hechos
para impresionar
si hoy llueve dinero
o si ya no hay inviernos
solo importa su auto nuevo
que el planeta se derrita
no les parece algo global.
 
Míralos ir,
sus tesoros contarán
los niños bonitos
son tan pobrecitos
pero eso a mí
que más me da.
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“Pedrito” Fernando Botero, 1974.

El Tiempo

Hace mucho tiempo que nací,
hace mucho y aún recuerdo cuando me perdí.
Se llega un tanto fácil,
lo difícil es partir,
el dolor está presente en ambos trotes,
el tiempo corre,
una y otra vez depositando su ego en los hombres de gris.

Cuando era niño no me preocupaba mucho el tiempo,
era solo una ecuación sin resolver.
Sabía muy bien las horas,
cuando de mis viajes surreales debía volver,
logré saber muy bien los segundos que una gota
tardaba en mi ventana recorrer.
El tiempo vale tan poco cuando se está solo,
que no hay deseo por retroceder.

Cuando el plan comienza
el tiempo cambia y un polígono se vuelve.
Se cierra y se perturba ante el encasillamiento.
Se encuentra a sí mismo en ángulos de cuarenta y cinco
y a veces noventa.
Se revienta de la rabia de saberse tan escaso y desatento,
que se venga sobre quienes le encerramos
haciéndonos sentir miserables ante su tiempo,
el tiempo del tiempo.
¿Qué hora es? Preguntó Alicia.
Nadie se abstiene a buscarle y desearle,
nunca es suficiente aunque nos encante desperdiciarle.
Y es que es bueno botar el tiempo,
tirarle por las escaleras de una carcajada,
o por los rincones de una cogida fugaz.
Por eso a veces tiro almanaques
y tiro los años que se borran con él.
Ya no cuento los cumpleaños,
cuento mejor los ratos que gasté sin él.

Pero no por eso me hago el muy valiente,
que buen temor le he de tener.
Temor de que no me alcance para lograr ser.
Ya no me interesa el hacer,
mucho menos el tener,
pero puta que cuesta tanto tiempo lograr ser.
Y hasta en eso te me cuelas vejestorio de mil mierdas,
hasta en eso estas presente,
siendo pasado y futuro a la vez.
El tiempo que pasé con mi madre,
los abrazos que no le di a mi padre.
Siempre fuiste secuaz vidente y mortificador.
Siempre quisiste que te tuviese en mente,
aún cuando tus manecillas se detuviesen por culpa del amor.
Pues sí, a fin de cuentas ese era el único antídoto
para guardar momentos eternos, sin tiempo.
Las épocas se convierten en carruseles que dan vueltas,
el subirse en ellas es traer de vuelta la nostalgia y la esencia
de lo que se fue pero siempre queda,
de eso que se hace inmune al tránsito de lo ocasional;
antologías de amor.
Cambia todo cambia
y el tiempo en ello tiene trampa,
mas no pretendo ceder mi alma
a la metamorfosis de un suicidio entusiasta.
Aún no es tiempo dijo el reloj.

Y aunque sigas perturbando mi existencia,
llenando las casillas de un planificador;
aunque sigas remplazando mi consciencia
y me conviertas en un ciego soñador,
sabré que al final saldaremos cuentas,
porque a todos nos llega el momento
en que nos vale mierda el reloj.
Llegará ese día en que los segundos no se cuentan
y la luz ya no viaja tan veloz.
Habrá un momento en que no se es rápido ni lento,
solo se flota en resplandor.
Sabrás vos lo que es soltar las riendas,
que un prisionero sin memoria
no aprende la lección.

“Equation” by Hanz Zimmer & Camille. From “Le Petit Prince” Original Soundtrack.