Primero de Junio

Millones de estelas
rastro que deja la esencia y el recuerdo
lluvia que cesa el silencio
a mi lado enfriando el fuego
mientras se calienta el tormento
luz tenue
se nubla el cielo.
       bbbbbbbb  
Millones de kilómetros
bastaron para separar la voz del cuerpo
dejar sentir
valiente
sincero
dejar salir
todo lo que se ocultaba dentro
cofre infeliz
un mar muerto.
                      bbbbbbbb  
Millones de indultos
se enjuicia la verdad
yo como juez y parte
me condeno sin piedad
me anuncio sanciones que no existen
incauto yace en mi pupitre
relato vago de un hombre errado
que sin saber discursos
quiso ser libre
y se ató sensible
al bando de lo incomprensible.
                      bbbbbbbb    
Millones de razones
para encausar mis junios
bandera blanca
que hundió mis ritos
habitaciones y secretos
copas y atuendos
cubrí mi rostro con vello
y mis manos con lamentos
murmullos de pasillo
insultos de cemento.
                             bbbbbbbb  
Millones de excusas
que caducan en mi pecho
se extinguió la razón
por un momento
dio paso al pudor
la sal
el suelo
se hinchó lo incierto
la pasión y los sueños
corrió desnuda la paz
mis cimientos
conocí su ciencia
y sus miedos
besé el final
y me entregué
muy quieto.
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“Failure” by Brooke Shaden.

Manicomio

Eran si acaso las siete. Aún hacía frío a pesar del sol naciente. La brisa helaba mis rodillas cubiertas por la suave tela. La luz se cuela entre las hojas. Saqué las cartas, ¡oh cuantas eran!. Una por una comencé a leer y a buscar respuestas. Estaban allí todas las señales, todo lo que hace tres días no lograba comprender. Estaba allí plasmado el miedo egoísta; pero también vi dibujados tus ojos y tus manos limpias, vi todo lo que amé desde que te cité aquel Diciembre. En medio de esas hojas amarillas y arrugadas por el tiempo, te tenía de nuevo cerquita, sintiendo tu calor entre mi pecho y mi vientre. Acariciando tu cara y tu pelo. Ya no me dolías. Eras mi momento de lucidez, la elocuencia de mis discursos vencidos, la sonrisa y el llanto mellizos de un mismo ruido: tu nombre. Hace frío en este gran patio. Yo con mi bata blanca y las pastillas de turno, espero a la enfermera y al sacerdote. Pronto será hora de que te olvide, de que me olvide. Pronto será hora de dormirme.

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“Quizás hoy no llueva”. Autoría propia. 

La espera

Y entonces me senté a la orilla de la acera, con un libro viejo y mi libreta de páginas rotas. Parecía que iba a llover, pero eso no me preocupaba. La gente caminaba por la calle, con la mirada derecha y perdida. Cuántas cosas pasaran por sus cabezas. Yo me quedo allí, aguardando que sean las ocho para verte de nuevo. En la misma esquina donde te esperé aquel domingo, cuando nos fuimos sin rumbo a explorar el mundo y nos encontramos el uno al otro, abrazados, empapados por la lluvia de agosto, viéndonos a los ojos, diciendo tanto y hablando tan poco. El viento frío se anunciaba con gozo. Me froté las manos para recordar las tuyas y escribí uno o dos versos.

Eran ya casi las ocho, la gente se encaminaba en su trillo. Seguían su trazo hacia el nido, tal cual se lo habían definido. Éramos pocos los que nos escapábamos un lunes a ver la noche vestirse de fiesta. Caminé un rato, como quien quiere encontrar algo. Matar el tiempo me había sido siempre un dicho poco grato. ¿Quién mata algo tan preciado? Si cada instante contigo cuenta, si cada respiro me trae de vuelta a aquella noche en esa ciudad de cuerdas, donde nos colgamos de cabeza para entendernos, nos quedamos viendo y nos quedamos dormidos, después de haber obtenido lo mejor de nosotros mismos.

Piel con piel, pecho con pecho, sudando juntos como quien recorre el mundo, a pie, sin mapa, descalzo, apreciando las siestas y olvidando rencores, retrayéndose en la carne de su amante para sentirse importante, cada que el reflejo en sus ojos le parece fascinante. Tenerse así cerquita, tranquilos, dibujando siluetas en las sombras y soñando con esto no se acabe, ni que se derrame la gota. Me daba cuenta mientras recordaba, que te quise y te quiero ahora. Aquí mientras espero, por fuera de estos edificios de antaño a que vengas, a que traigas tus brazos abiertos y una sonrisa sincera; aquí mientras se me agita la circulación por tan solo imaginar tu presencia. Aquí mientras soy yo entre tanta esquela.

Son más de las ocho y aún no vienes. Las últimas tiendas cierran y la calle se torna desierta. El tren apaga su marcha y cierra sus puertas. Tú no has bajado y yo sigo en la espera. Yo no pierdo la fe de que aparezcas, sé que vendrás tal y como lo prometiste hace años cuando te vi partir; cuando me prometiste volver cada día veinte del quinto mes. Así te he esperado y te seguiré esperando, pues con nadie he sido tan feliz y desgraciado, todo a la vez, en una mezcla extraña de sentimientos encontrados.

Fuiste en mí lo dulce y lo salado. Lo prohibido y lo sagrado. Lo que más en esta vida he apreciado. Fuiste tanto y fuimos nada, heme aquí a la espera de una promesa ingrata que no se cumple ni se percata que la esperanza es ciega y mojigata. Bien sabe cuales son sus cartas y el daño que le acecha, pero aquí se queda junto a mí, pasadas las ocho en la misma escena. Esperando que algún día vuelvas y te detengas, a dejarme libre de estas cadenas, a besarme una última vez y soltar mis penas. Aquí te esperaré oh amor mío, hasta que mi luz la apague tu vela.

Caída Libre

[Verso 1]

Puede que no sea un romántico
un prospecto de marido o padre abnegado.
Puede que tenga sueños
que no me lleven a ningún lado
que tenga tantos miedos
como pecados acumulados
y puede que la vida de mí se haya olvidado,
pero sigo caminando
hasta alcanzarte con mis manos
desnudas y dispuestas
a entregarte un par de encantos
y sin paracaídas a tus brazos
yo me lanzo.

[Coro]

Y es que me encuentro en caída libre
en tus ojos y en tu piel
me sumerjo y me siento invencible
para dar la vuelta a mis propios engaños
y hallar la verdad contigo
aunque me tome años
hechizar todos mis versos con tus besos
para que siempre sepas que te amo.

[Verso 2]

Puede que yo no sea un santo
que tiña mis cuentos y cambie de escenarios
para mudar mis discursos
cuando se vuelva necesario,
pero lo que no cambia
es quien soy cuando estoy a tu lado
rebelde, distraído, un soñador
que se tira al vacío sin pensarlo
porque junto a mis ángeles caídos
te encuentras tú esperando
como si nada hubiese pasado
has leído mi historia
en los errores que en mi cuerpo he tatuado.

[Coro]

Y es que me encuentro en caída libre
en tus ojos y en tu piel
me sumerjo y me siento invencible
para dar la vuelta a mis propios engaños
y hallar la verdad contigo
aunque me tome años
hechizar todos mis versos con tus besos
para que siempre sepas que te amo.

[Bridge]

No hay tormenta que a calmar no venga
ni hay oleaje que mi alma vierta
porque mi desventaja es que me conozcas a ciencia cierta
con mi rostro desdibujado
y la levedad con la que caigo aunque me duela,
pues creo que ya has curado mis alas
y sobrevivo solo porque te da la gana.

[Coro]

Y es que me encuentro en caída libre
en tus ojos y en tu piel
me sumerjo y me siento invencible
para dar la vuelta a mis propios engaños
y hallar la verdad contigo
aunque me tome años
hechizar todos mis versos con tus besos
para que siempre sepas cuanto te amo.

Pintura surrealista "Caída Libre" por Alex Hall.

Pintura surrealista “Caída Libre” por Alex Hall.

Imposibilidades

Vida
Ausente
Yuxtapuesta
A los rincones que dejaste
Sin llenar, sin desnudar… me
Sin preguntar o sentir mi palpitar
De cerca o de lejos, adorándote u odiándote
Tocándote e ignorándote, para poder permitirnos
Dejarnos ser sin miedos ni presiones, sin rostros ni sanciones
En mis brazos o en tus piernas, en mi pecho o en tus caderas
Yendo y viniendo, sicalípticos en las tormentas de Rembrandt
Aportando objetos de estudio a las ciencias y el arte
Recitando sortilegios sin incredulidad fútil
Sin desistir de ti o sentirme partir
Sin fantasear, sin amar… me
Renegando te marchaste
Desprendiendo
Renuente
Inerte

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Fotografía por Sean Lenz and Kristoffer Abildgaard, “Neon Waterfalls”.