Admonitio

Hay que comprender que si se pudiese desvirtuar el arte de recordar lo que no queremos, lo que nos hace daño, estaríamos a un paso de superar muchos miedos, muchos frenos que nos impiden inclusive avanzar, seguir caminando y seguir pensando. Existe cierta obsesión con los recuerdos, aún cuando estos sean recreados por el capricho de la memoria, a conveniencia de uno o dos contratiempos que confabulan para hacernos dudar de nuestro presente. Y se alcanza, no digo que no; se alcanza ese estado donde los recuerdos no estorban, donde aparecen solo de vez en cuando como ráfagas de viento que arremeten contra nuestros rostros, haciéndonos sentir de golpe que somos quien somos por quien fuimos, por esos hechos que ya una vez vividos, permanecen en el exilio de lo quimérico. Pero, ¿qué hacer cuando no se van? ¿qué hacer cuando aún duelen? Dieciséis años han pasado ya y todavía su sombra emprende contra mi nombre. Su rostro adulterado por los años me sigue, mas yo no le encuentro. Se burla de mis pasos lo sé, siempre le parecieron extraños. Malditos sean estos recuerdos. Maldita la rabia y los momentos. Tal vez hoy no sea el tiempo, ni mañana, ni en los próximos vientos. Quizá sea hora de dejarle ir a mis infiernos, si tan solo yo no durmiese allí, tan adentro.

Fotografía "Two Ladies" por Diane Arbus, 1971.

Fotografía “Two Ladies” por Diane Arbus, 1971.

La Tormenta

Ay que se aproxima la tormenta
que esta lluvia necia no me deja partir.
Ay que se incrementa la marea
ya se han puesto las nubes su rubor gris.

Los rayos y los truenos son ideas
son relámpagos de luz en mi cabeza
le pido a las sirenas que mi balsa no detengan
que en este mar navegaré por mis creencias.

Lo que sea correcto y lo que no
lo que la moral le oculte a mi dolor
este aguacero que inunda mis proezas
y apacigua al indomable aprendiz.

Ay que se cambie al mundo, que se cambie
que se callen las monedas y su consciencia vil.
Que se enciendan llamaradas en los estantes
y se eduquen a los niños de raíz.

Ay que esta lluvia sirva de escaparate
para renovar las pasiones sin pudor
y que con la luna mi ideología no se escape
que el confort no eclipse mi lado soñador.

Se rebalsa el río y lloran los lagos
un verde corredor que se libra de la destrucción.
El búho del bosque que perdona a los humanos
las montañas que frenan su instinto devastador.

Ay que se aproxima la tormenta
mojando cabezas todo un pueblo despierta.
Ay que se enamoran de nuevo los poetas
y escriben sin idiomas ni guión.

Y que si ya no hay quien pague dogmas
ni disfrace las protestas,
Que el agua del cielo corroa la desilusión.
Ay bendita sea esta tormenta,
bendito sea este cielo y esta tierra
esta sangre que no en vano se derramó.
Ay que se aproxima la tormenta
salgan todos que un nuevo tiempo ya llegó.

John-Constable-Tormenta-de-lluvia-sobre-el-mar-c.-1824-1828-Royal-Academy-of-Arts-London-John-Hammoond1-300x215

Pintura por John Constable, “Tormenta de lluvia sobre el mar”. 1824-1828.

La Despedida

Cautelosa y en silencio
Cerró aquella puerta sin miedo
Supo de su tiempo y mi duelo
Bailó desnuda nuestros besos
Y se marchó como se marcha el viento
Huyendo de los días y su sereno
Con su vestido azul y zapatos viejos
Mi historia colgando en su cuello
Tantos secretos en la piel
Sin pensarlo dos veces solo se fue.

Y aquella mañana llovía
Como llora una viuda despavorida
Cubrí mis fantasmas con sábanas frías
Y desdibujé su rostro de mi sonrisa
Extinguida iba, otra tonta despedida
Mis manos vacías
Su sombra aún estaba tibia
Seguía atada de mi cama, en la orilla
Y su aroma aún dolía.

Fábula siniestra parecía
Tanto exceso de armonía
Entre su ombligo y su nariz
En sus caderas sabor a anís
Abofeteó mis dudas en su fino escape
Lanzó las balas y los mecates
Dejándome a las armas con su arte
Se emborrachó con cordialidades muertas
En un discurso hecho de verdades tuertas
Ella se fue sin saber que más hacer.

Y aquella mañana llovía
Como llora una viuda despavorida
Cubrí mis fantasmas con sábanas frías
Y desdibujé su rostro de mi sonrisa
Extinguida iba, otra tonta despedida
Mis manos vacías
Su sombra aún estaba tibia
Seguía atada de mi cama, en la orilla
Y su aroma aún dolía.

Aún dolía, aquella maldita despedida
Ausente y deprimida
Con sus demonios se marchó
Dejando en su espacio la osadía
De este cuerpo que con el suyo conquistó.

Aún llovía, aquella mañana fría
Y otra tonta despedida, extinguida iba
Su aroma cuanto me dolía.

170653-1

Pintura por el artista surrealista, Gerardo Chávez.

Cobarde

Tiemblo.

Estoy temblando
y no sé si es de rabia
o de miedo.
Mis brazos no sostienen coraje
y mis pies yacen helados.
La respiración me traiciona
y muerdo mis uñas.

Cabizbajo,

miro como si el suelo
fuese un aliado
mis manos
ellas siguen temblando.
La sangre hierve
puedo sentirlo,
aún cuando en mi cuerpo
abunde el frío.
Me atraganto con palabras,
no sé si sea ayuda
o sea insulto.
La voz se esconde
en su pequeño mundo.

Mis maletas
preparo,
casi todo
está listo.
Pero aún no tengo listo

mi denuedo.

¿Cómo dejarles solos en este contexto?
No es seguro aquí
y a ellos
les traiciona el cuerpo.
Escucho gritos
todavía caen piedras
en el techo.
El ultraje y la mofa
siguen,
a tan solo una pared de distancia.
Y aún así
yo me alisto,
me preparo para un destino
que ni siquiera sé
si es el mío.
No tengo paz,
solo sigo teniendo frío.
Las náuseas volvieron
y el insomnio
duerme conmigo.
Porque me duele.

Lloro.

Tengo mucho miedo.
Parezco un niño
encorvado bajo su cama
y los abrigos,
para no escuchar la lluvia
y el trueno,
tapa sus oídos.
Así me siento

retraído,

escondido entre las sombras,

maldito.

Incapaz de dar auxilio,
la antítesis
de un héroe erguido;
se cortan las vías
de mi alivio.

Soy cobarde
de eso estoy seguro.

¡Cobarde!

Un maldito cobarde.
Me mata de a poquitos

la angustia,

me quedo dormido
en silencio.
Sueño
ser valiente
y cuando despierto,
lo olvido.

Imagen "El ángel herido" por Hugo Simberg, 1903.

Imagen “El ángel herido” por Hugo Simberg, 1903.

Insinuaciones Impensadas

Crea cuentas de lo que acontece
y recuerda cada una de las gotas en tu mar,
que la luz de luna no adormece
e invitan las noches a danzar.

Dame la mano, ten dudas
que no soy un hombre de fiar,
busca moretones en mis alas
muchas veces he caído sin volverme a levantar.

Lanza los dados y cede a la suerte
démonos el lujo de un poco de azar,
no cae mal que la incertidumbre quiebre
y hacer el amor por casualidad.

Ilumina los soles de tus pasos
que no te preocupen las sombras sin memoria,
toda esta vida se une en pedazos
somos de costumbre ciega en esta historia.

Bésame en los labios y en mis piernas
besa cada idea que no supe expresar,
que se activen en esta lucha las destrezas
de un viejo sabio que amó olvidar.

Busca las respuestas indiscretas
que no te intimide el exceso de moral,
pecar también es sano aunque no lo creas
Dios también existe en el mal.

Mata cada línea de mis hurtos
las palabras de otro no se deben robar,
crucifica mis poemas futuros
la resaca es un amante fugaz.

Painting "Sailors' Dive" by Felicien Rops. 1833 - 1898

Painting “Sailors’ Dive” by
Felicien Rops. 1833 – 1898