Hecatombe Involuntaria

Vos que aniquilas los propios instintos
Ya no respondes a lo natural
Se han cansado las leyes entrópicas
Hice lo que pude, pero pudo más tu falta de voluntad.

No te curaste, te heriste, te maltrataste
Despreciaste mis esfuerzos
Me clavaste espinas en las úlceras de mis desvelos
Ignoraste que te quería y que aún te quiero
Que contigo no fingía
Se mezclaba en mí, perfecta
La consciencia humana y mi sentido animal.

Me volví el híbrido de la evolución
Pero eso no te importó
Diste media vuelta y seguiste mutilando extremidades
Infectando para siempre nuestra unión.

Saltaste a ese vacío, de nada me valió el sacrificio de salvarte
Me torturaste en un desvanecimiento lento
Un tinte oscuro inundó lo que escribo
Entrometidos se quedaban mis demonios
Secuestraban sueños y espacios de olvido
Todos mis espacios llenos, los desechaste
Me dejaste solo estos vacíos,
Me obligaste a matarte.

sacrificio de Ifigeneia

“Sacrificio de Ifigeneia”

Mea Culpa

Del arte de la procrastinación me volví un maestro
sin querer serlo o intentar merecerlo
tan solo por evitar las importancias de este mundo
darles vuelta y no cabeza
darles aires de alteza.
Admití mi culpabilidad desde la adolescencia
acepto que no amo ni amaré a quienes por sangre debo
acepto que no me importan sus normas
en este peligroso estado de indiferencia
sus lazos corto desde mis lomas.
Confieso mis pecados con la ironía misma que los cometo
y no concebir el arrepentimiento,
quizá soy demasiado necio para sus anticuerpos
quizá soy demasiado santo y tan siquiera lo siento
tan solo alieno mis dudas y de mis culpas no me sostengo.
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Fotografía por William Kitchens

G.G.M.

Siento culpabilidad por este egoísmo de entristecerme. Estoy seguro que él está ahora en un lugar mejor. Has trascendido admirable señor y hoy no nos queda más que agradecer y reproducir tu legado; esa acuarela mágica que usaste para pintarnos la Latinoamérica que vivimos y que no alcanzaran cien años para entenderla y amarla como se debiera. Gracias por enseñarnos que las palabras no solo se escriben en papel, sino que hay que hacer el amor con ellas y dejar que se engendren ideas que caminen por sí solas, sobre todo aquellas que algunos no se atrevan a decir. Vivirás por siempre, inmortal sos escritor.

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Un Cubo

Un cubo.
Cuatro paredes, acorralado.
Un respiradero metáfora de esperanza
de que afuera aún hay vida y me aguarda.
Inhalo entonces sus falacias.

Un cubo.
Pintado de blanco para causar paz;
maldita tranquilidad hipócrita
su antifaz de promesas infantiles
hacen de mi mente su botín de fiesta.

Un cubo.
Con silencios hipotecados,
pensamientos que se manifiestan
y se lanzan a las calles de mi sistema.
Lo colapsan.

Un cubo.
Tan lleno de vacíos, mutilado.
Sangriento y voraz de su propia carne,
se achica y me atrapa,
se estremece, me enferma.

Un cubo.
Un soneto que no existe,
una rima sin causa,
letras sin sentido,
poetas que no callan.

Un cubo.

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Fotografía: “Cubo Branco” por Edouard Fraipont, Brasil.

Minuto de Inercia

El clima está raro hoy. El viento cual gacela, apresurado corre intentando despeinar mis pensamientos. Escucho risas con lamentos, se escribe en las esquinas de los rumores, las historias de las que escapo; no las quiero mías, no las quiero ni comparto. Las hojas caen, los pájaros piden agua aún cuando sepan que en Abril las nubes en huelga rezan y ayunan, guardan las tormentas y tempestades para cuando no sea tiempo de Marías embriagadas con los santos. La vida está rara hoy, se despide y se regresa, retumbando recuerdos que aún no suceden, la vida sola se saca a pasear entre paredes. El viento cesó y la lluvia se anuncia, el calor yace escondido en penumbras, ¿qué hora es? Son las dos, me despierto en mi escritorio, escribo, percibo, respiro, enmudezco, existo, imploro.

El Día En Que Los Bigotes Vuelan

Parten los trenes sin un plan de regreso,
se van y solo heredan nostalgia en sinfonías sin dueño,
que se adiestran en las teclas de un piano viejo, anuncian desgracia, anuncian desvelo.

Se van los trenes y se cansan mis ojos,
cristalizan las imágenes de los pasajeros y se exhortan a sí mismos,
no existe el llanto solo el silencio.
Las calladas noches que lo acompañan y que no abandonan aún cuando despierte,
le siguen a todas horas, están donde está el viento.

Se marcharon,
ya no se distingue ni su forma, solo su aliento.
Humo seco, grisáceo, pañuelos manchados que expropiaron lamentos,
los bigotes sarpan y nadie detiene su vuelo,
las piernas se quedan atadas al suelo.
Corren, corren con más furia que con prisa,
descubriendo que la fuerza no es pasajera,
se ha quedado, mas es terca y se muestra solo ante la propia conveniencia.
No sabe de compasiones, no sabe que hace tiempo vive en corredores.

Piensa hombre, piensa.
Ve más allá de estos cuatro valles,
cruza mares, vence edades.
Deja que vuelen las inferencias que crecen bajo las narices de los años,
cultiva criterios y sé polizón de tus treguas,
no cobres honorarios.
Deja que el alma baile aún cuando no lo haga el cuerpo,
deja que los trenes se vayan y deja que se muera el tiempo.

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