Addicted

What did happen to me?
Where I lost my mind?
How can this feeling be so strong
So dominant

I can’t handle the pain
The desire is unfair
I’m afraid it will end
Devouring myself

There’s nowhere to hide
Because everything I feel
Is controlling me inside

[Chorus]:

Open up the gates for this thunderstorm
Sacrifice the thoughts of a life I stole
Cause my soul is drowning
Into so much craving
The sights betray me
I’m addicted to a game I lost

I cannot believe the words
My mouth is a dark wardrobe
All the ages and the empires
I ignored the call

There’s nowhere to hide
Because everything I did
Made me feel so alive

[Chorus]:

Open up the gates for this thunderstorm
Sacrifice the thoughts of a life I stole
Cause my soul is drowning
Into so much craving
The sights betray me
I’m addicted to a game I lost

[Bridge]:

I’m getting warmer in this new suit and soul
I’m playing with fire, the burns I regret no more
Once you taste the venom of a forbidden touch
Like drugs you only want more and more

[Outro Chorus]:

Open up the gates for this thunderstorm
Sacrifice the thoughts of this life I broke
Cause the ones still standing
Are judging my boundaries
My lies betray me
I’m addicted to this game I lost

I’m addicted there is no return.

677px-Woman_Holding_a_Balance_(Vermeer)

“Woman holding a balance” by Johannes Vermeer, 1664. 

Extracto de diario (2)

El poder de la palabra y el don del silencio, mucho que aprender. No me gusta la confianza, ciega y lleva fácilmente a follarse los mismos errores; no me gusta dejarme empujar por el propio descuido y la ingenuidad. Me sigo cayendo, solo que ya no me duele tanto. Ni le tengo tanto temor a las heridas y su llanto; el dolor se ha vuelto más aliado que enemigo, sus pláticas me han enseñado más que muchos de mis libros. Quizás eso sea parte del cambio, la cicatrización y el grano. Se daña y se pierde muchas veces, pero pocas son las que se levanta sin pensarlo. La vida es muy corta para detenerse a contemplar la carne abierta, el mundo sigue rodando. 

Laura Makabresku - Repulsion

Fotografía “Repulsión” por Laura Makabresku. 

Efecto Golondrina

Se posaba contra la pared en un mar de extraños. Llevaba consigo un libro viejo y desgastado, se aferraba a él como si fuese lo único que tuviese en su vida. Eran casi las cuatro y él seguía allí, como esperando algo que jamás llegaría, pues no había un plan previo o siquiera una intención, era tan solo ese momento a solas que llegaba cada que lo permitiese la ocasión.

Se había dado cuenta de lo que la temporalidad hacía en él y en otros. Le amaba con la misma avidez con la que le despreciaba, sobre todo por aquellas golondrinas que se habían posado en sus hombros para contarle los más salvajes secretos del mundo. Con ellos había escrito mil historias y cien canciones, aún cuando ninguna la cantase más que para sí mismo. Les había dedicado tanta vida, que se le desgarraban sus mejillas con lágrimas de navaja en cada vuelo. Les extrañaba sí, pero entendía también como todo en este vida zarpa, incluso sin un aviso.

No había quien entendiese la razón de su sitio, lo que significaba aquel libro o la corriente hora que se repetía cada día con los mismos hitos. Eran tan solo él y el olvido, creía que era aquel quizás, su único antídoto. ‘Se muere uno un tanto más con cada despedida’, solía decirle su abuelo, que irónicamente falleció de un infarto, en el último viaje de despedida que realizaba el tren en la central San Antonio antes de su demolición. Tal vez a aquel viejo hablador y mujeriego, ya se le habían agotado sus cuotas de adiós.

‘A veces migramos de personas o de contextos’, pensó. ‘A veces lo hacemos porque lo dicta la naturaleza o el tiempo. Otra veces por decisión propia, pues hasta la seta más dócil se puede volver tóxica a quien la coma; hay ocasiones en que la mejor decisión es dejar que la serpiente se trague su veneno sola, gota por gota. Pero también hay migraciones de desconsuelo, de palabras que flotan, acciones que asoman su raíz. Ahí es cuando se parte sin decir palabra alguna, la ausencia es más sabia y habla por los sin boca, aunque sea difícil interpretarla’.

El viento frío llegaba, sus manos lo podían percibir. Un invierno anticipado se anunciaba con algarabía y él sabía que ello implicaba una ola de melancolía, furia de conspiraciones suicidas. Pero de allí no se movía, como si de eso dependiese la permanencia que sabía que no le pertenecía; su último grito ahogado de desesperación por migrar también con ellas, aún cuando no se dirigiese donde todas iban, al menos sería el minúsculo esfuerzo de su mutación.

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Fotografía “Diario”. Autoría propia para concluir el escrito al que acompaña.