Primero de Junio

Millones de estelas
rastro que deja la esencia y el recuerdo
lluvia que cesa el silencio
a mi lado enfriando el fuego
mientras se calienta el tormento
luz tenue
se nubla el cielo.
       bbbbbbbb  
Millones de kilómetros
bastaron para separar la voz del cuerpo
dejar sentir
valiente
sincero
dejar salir
todo lo que se ocultaba dentro
cofre infeliz
un mar muerto.
                      bbbbbbbb  
Millones de indultos
se enjuicia la verdad
yo como juez y parte
me condeno sin piedad
me anuncio sanciones que no existen
incauto yace en mi pupitre
relato vago de un hombre errado
que sin saber discursos
quiso ser libre
y se ató sensible
al bando de lo incomprensible.
                      bbbbbbbb    
Millones de razones
para encausar mis junios
bandera blanca
que hundió mis ritos
habitaciones y secretos
copas y atuendos
cubrí mi rostro con vello
y mis manos con lamentos
murmullos de pasillo
insultos de cemento.
                             bbbbbbbb  
Millones de excusas
que caducan en mi pecho
se extinguió la razón
por un momento
dio paso al pudor
la sal
el suelo
se hinchó lo incierto
la pasión y los sueños
corrió desnuda la paz
mis cimientos
conocí su ciencia
y sus miedos
besé el final
y me entregué
muy quieto.
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“Failure” by Brooke Shaden.

Lacrimosa

Dos sujetos de mediana edad, sentados uno frente al otro en un par de sillas viejas de madera. Las sobras de una compra mal hecha. Se miraban y no se decían nada. Habían estado evitando el encuentro. Uno de ellos habló.
 
– ¿Y las palabras?
– Nunca he entendido de razones.
– ¿Me aborreces?
– Amo tus mentiras, nada más.
– Son crueles, lo sé.
– ¿Lo sabes? Y no te duelen.
– Hay muchos escenarios. En realidad son tres. A veces más.
– Sí sobre todo hoy; ya casi es domingo.
– Fue un domingo tu primer crisis, ¿verdad?
– A las cinco. Duró una hora. Desde ese día, todo fue distinto.
– ¿Estás limpio?
– Para nada. Son diez meses de sobriedad. Pero eso no significa que no le extrañe.
Lo sé.
– Fui inocente.
– Tal vez.
– La última vez.
– Sí, me viste feliz. Lo sensiste en los labios.
– En cada beso. En tu humedad.
– Sabía que sería nuestra última noche. Lo sabía tan bien.
– ¿Y por eso fuiste feliz?
– Sí, fui feliz de tenerte. Y porque así te quería recordar, aunque llorara al tenerte de frente en la estación de San Miguel.
– ¿Lo entiendes?
– Nunca lo haré.
– Me iré.
– Lo sé.
– ¿Vos?
– También, que de correr entiendo bien. Huye, que yo también huiré.
– Tengo sueño.
– Perdóname.
– ¿Aunque no te crea?
– Déjame ser.
– Abrázame.
– Es la última vez.
– ¿Un domingo?
– Día de lágrimas.
– ¿Estás limpio?
– Pronto lo estaré.
 
La mañana era turbia, pero el aire la cambió. No estaban allí los dos sujetos, solo uno de ellos, sentado en la misma posición. En frente, sostenía un gran espejo.
dig

“Quizás hoy sí”. Autoría Propia.

Preludio de Diciembre

El viento de hace seis años
el mismo revoloteo
pero más sereno
más prudente
para guiar dirigente
hacia un cambio consciente
a mudar de hojas en pleno septiembre
y tomar las maletas y ser valiente
marcharse a ser profeta
en tierra de extraños
tal y como alguna vez soñó.
 
Darse cuenta del daño
le tomó varios años
todo llega a su tiempo
le contó el reloj
saboteó sus risas y sus lágrimas
para no ceder a las ánimas
los vestigios del amor.
 
Y si el olor no muere
si sigue impregnado
el roce en su vientre
se muerde los labios
para no sentirse extraño
se mira sus manos
vacías de tacto.
 
Regocíjase en la lluvia
plantando la semilla
se ha agotado la angustia
aunque por las mañanas
el duelo surja
se ha hecho
colector de memorias
las usa como almohada
dulce alcoba
donde recluye
la sal de su rabia
huésped secreto
de muchas hazañas.
 
Se acercan los vientos
alisios, rodeos
se acerca diciembre
y ya no estará aquí
se le escapa el agosto
sin saber escribir
la verdad en sus ojos
la razón de vivir
perfumes sonoros
dejan la huella,
dejan la herida abierta
se cambia tanto
cuando no se logra dormir.
 
Percibe alegría
fuerza y osadía
perciban en él
valentía
aunque sus piernas tiemblen
y su boca se seque
gritan sus rodillas
cambia la luna
y cambia el día
por eso que cambien sus pasos
no es una manía.
 
Aunque marche despacio
distraído
refugiado
aunque sepa
que el conocerle
fue cuestión de suerte
y que decir adiós
es cuestión de impávidos
aunque de respuestas carezca
la verdad a veces
hace más daño
por eso eso le esconde
en los peldaños
colgada, asesina
se burla quedita
catedral de salidas.
dig

“I thought you were the moon… You were just a temporary light”. Autoría Propia. 

La espera

Y entonces me senté a la orilla de la acera, con un libro viejo y mi libreta de páginas rotas. Parecía que iba a llover, pero eso no me preocupaba. La gente caminaba por la calle, con la mirada derecha y perdida. Cuántas cosas pasaran por sus cabezas. Yo me quedo allí, aguardando que sean las ocho para verte de nuevo. En la misma esquina donde te esperé aquel domingo, cuando nos fuimos sin rumbo a explorar el mundo y nos encontramos el uno al otro, abrazados, empapados por la lluvia de agosto, viéndonos a los ojos, diciendo tanto y hablando tan poco. El viento frío se anunciaba con gozo. Me froté las manos para recordar las tuyas y escribí uno o dos versos.

Eran ya casi las ocho, la gente se encaminaba en su trillo. Seguían su trazo hacia el nido, tal cual se lo habían definido. Éramos pocos los que nos escapábamos un lunes a ver la noche vestirse de fiesta. Caminé un rato, como quien quiere encontrar algo. Matar el tiempo me había sido siempre un dicho poco grato. ¿Quién mata algo tan preciado? Si cada instante contigo cuenta, si cada respiro me trae de vuelta a aquella noche en esa ciudad de cuerdas, donde nos colgamos de cabeza para entendernos, nos quedamos viendo y nos quedamos dormidos, después de haber obtenido lo mejor de nosotros mismos.

Piel con piel, pecho con pecho, sudando juntos como quien recorre el mundo, a pie, sin mapa, descalzo, apreciando las siestas y olvidando rencores, retrayéndose en la carne de su amante para sentirse importante, cada que el reflejo en sus ojos le parece fascinante. Tenerse así cerquita, tranquilos, dibujando siluetas en las sombras y soñando con esto no se acabe, ni que se derrame la gota. Me daba cuenta mientras recordaba, que te quise y te quiero ahora. Aquí mientras espero, por fuera de estos edificios de antaño a que vengas, a que traigas tus brazos abiertos y una sonrisa sincera; aquí mientras se me agita la circulación por tan solo imaginar tu presencia. Aquí mientras soy yo entre tanta esquela.

Son más de las ocho y aún no vienes. Las últimas tiendas cierran y la calle se torna desierta. El tren apaga su marcha y cierra sus puertas. Tú no has bajado y yo sigo en la espera. Yo no pierdo la fe de que aparezcas, sé que vendrás tal y como lo prometiste hace años cuando te vi partir; cuando me prometiste volver cada día veinte del quinto mes. Así te he esperado y te seguiré esperando, pues con nadie he sido tan feliz y desgraciado, todo a la vez, en una mezcla extraña de sentimientos encontrados.

Fuiste en mí lo dulce y lo salado. Lo prohibido y lo sagrado. Lo que más en esta vida he apreciado. Fuiste tanto y fuimos nada, heme aquí a la espera de una promesa ingrata que no se cumple ni se percata que la esperanza es ciega y mojigata. Bien sabe cuales son sus cartas y el daño que le acecha, pero aquí se queda junto a mí, pasadas las ocho en la misma escena. Esperando que algún día vuelvas y te detengas, a dejarme libre de estas cadenas, a besarme una última vez y soltar mis penas. Aquí te esperaré oh amor mío, hasta que mi luz la apague tu vela.

Solo

Mi segunda cerveza
la noche suda
y yo también.
Me hierven las ganas,
la sed de un revolcón
ocurrente
y un extraño consciente
de mi poca capacidad
de fijación.
Días donde
se mueve el piso
que me carga.
Me lleva y me tira,
me revienta contra el suelo
a veces
y es él mismo
quien me vuelve a levantar.
A punto de abandonarle,
de hacer míos los aires
y rotar hacia donde
las noches son días.
Allí donde
quienes no me entienden
no fingen para ocultarlo,
allí donde
me doy cuenta
lo solo que me encuentro,
aun cuando suelo
estar acompañado. 
 
Nunca pedí esto,
pero de alguna forma
siempre supe
que fue lo que obtendría.
Es un precio alto,
no hay opción
en mis actos
lo terco es innato
dar vuelta
no es algo inmediato.
 
Entiendo el resultado.
El temor
y mis pasos falseados,
lo pasivo y agresivo
escondido
en sonrisas y encantos,
en favores sin pago
y retornos ingratos.
Ya conozco los peros
los no y los credos,
los amigos de un rato,
los amores falsos.
 
He sido él,
he sido yo.
He sido de todos
lo real y peor.
Insulso,
cautivo y opresor.
He sido yo siempre
Solo.
He sido fiel y traidor
justo, ingrato
he causado dolor.
Y aun así mi respuesta
no muda color
mi opción
lo que he sido
lo que soy.
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Edward Hopper, “La soledad en público”.

Te vi venir

Hoy te vi venir
te paseaste por aquí
con tu falda azul con gris
ondulaste en silencio
sin ningún augurio o intento
solo te paseaste sin recuerdos
como gaviota blanca
en su último vuelo.

No te culpo
no hay reproches
entiendo tu cansancio y tu desvelo
soy autor de tu desprecio
sé que me olvidarás
cuando no me tomes tan en serio
y la vida siga siendo
un cúmulo de estruendos
que te sacudan y arrebatan
todos mis momentos.

Yo te vi venir
no dije nada
te vi salir de frente
anonadada
sin saber de cielos rotos
o lluvias secas
consciente de los demonios
y siluetas
comenzando de nuevo
donde antes
no había nada.

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Painting by Christian Schloe

 

A la espera

En el parque de mis sueños
donde la niebla hace lo suyo
trayendo de vuelta los recuerdos
cantan los yigüirros atentos
el clamor por agua de lluvia
no les deja ir lejos
como a mí y mis pasos quietos
porque hace mucho no enciendo
el motor que mueve mis intentos.
Cargo mi guitarra cuesta arriba
llevo ilusiones cuesta abajo
con el ocaso del sol de mi lado
veo en mis hombros reflejado el cansancio
ese que llega con la falta de impulso
carcomido por la ciega pereza
y las pausas de una intención sincera
que no deja de ser un deseo personificado
como la gracia de quien visita mi espera
aquí bajo el árbol de los encantos
esos que escriben en mi piel novelas
con finales tristes y humanos
como todo en este mundo
con lágrimas en mi mano
me siento en el parque que veo en sueños
a la espera de algún milagro.
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“Thumbelina” por Laura Makabresku. 

Sirenas

Las ramas se quiebran
y caen sobre mi cabeza,
tanto peso en ellas;
me asusto en su presencia.

Luces rojas, un azul se esconde
veo en sus rostros la angustia deforme.
Cuanto desearía tomar sus palabras
y ponerlas a su favor,
desmarchitar sus suelas gastadas
mostrarles el mundo que miro yo.

Hacen ruido a su paso
sembrando el pánico
reflejan sus gritos en silencio
cuando se pegan en mi ventana;
recuerdo el daño hecho cuando yo era un niño,
recuerdo aún como crujían los vidrios
y la desesperación que me daba al verlos
tan rotos y cohibidos
tanta vida encerrada en dos cuerpos fríos.

¿Es por eso que se explica las heridas con sus hilos?
las cicatrices que cargo en una cara
donde no hay espacio al olvido
pues siguen sonando las sirenas,
¿por qué me hace tanto daño el ruido?
¿dónde está la fuerza, esa paz que tanto pido?
Poco a poco se apaga su emergencia
y pareciera que el dios de hierro es su motivo,
avivando el miedo, aún no se apagan las sirenas,
pero si se apagan ellos conmigo.

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Fotografía por Camil Tuncan.

El Tiempo

Hace mucho tiempo que nací,
hace mucho y aún recuerdo cuando me perdí.
Se llega un tanto fácil,
lo difícil es partir,
el dolor está presente en ambos trotes,
el tiempo corre,
una y otra vez depositando su ego en los hombres de gris.

Cuando era niño no me preocupaba mucho el tiempo,
era solo una ecuación sin resolver.
Sabía muy bien las horas,
cuando de mis viajes surreales debía volver,
logré saber muy bien los segundos que una gota
tardaba en mi ventana recorrer.
El tiempo vale tan poco cuando se está solo,
que no hay deseo por retroceder.

Cuando el plan comienza
el tiempo cambia y un polígono se vuelve.
Se cierra y se perturba ante el encasillamiento.
Se encuentra a sí mismo en ángulos de cuarenta y cinco
y a veces noventa.
Se revienta de la rabia de saberse tan escaso y desatento,
que se venga sobre quienes le encerramos
haciéndonos sentir miserables ante su tiempo,
el tiempo del tiempo.
¿Qué hora es? Preguntó Alicia.
Nadie se abstiene a buscarle y desearle,
nunca es suficiente aunque nos encante desperdiciarle.
Y es que es bueno botar el tiempo,
tirarle por las escaleras de una carcajada,
o por los rincones de una cogida fugaz.
Por eso a veces tiro almanaques
y tiro los años que se borran con él.
Ya no cuento los cumpleaños,
cuento mejor los ratos que gasté sin él.

Pero no por eso me hago el muy valiente,
que buen temor le he de tener.
Temor de que no me alcance para lograr ser.
Ya no me interesa el hacer,
mucho menos el tener,
pero puta que cuesta tanto tiempo lograr ser.
Y hasta en eso te me cuelas vejestorio de mil mierdas,
hasta en eso estas presente,
siendo pasado y futuro a la vez.
El tiempo que pasé con mi madre,
los abrazos que no le di a mi padre.
Siempre fuiste secuaz vidente y mortificador.
Siempre quisiste que te tuviese en mente,
aún cuando tus manecillas se detuviesen por culpa del amor.
Pues sí, a fin de cuentas ese era el único antídoto
para guardar momentos eternos, sin tiempo.
Las épocas se convierten en carruseles que dan vueltas,
el subirse en ellas es traer de vuelta la nostalgia y la esencia
de lo que se fue pero siempre queda,
de eso que se hace inmune al tránsito de lo ocasional;
antologías de amor.
Cambia todo cambia
y el tiempo en ello tiene trampa,
mas no pretendo ceder mi alma
a la metamorfosis de un suicidio entusiasta.
Aún no es tiempo dijo el reloj.

Y aunque sigas perturbando mi existencia,
llenando las casillas de un planificador;
aunque sigas remplazando mi consciencia
y me conviertas en un ciego soñador,
sabré que al final saldaremos cuentas,
porque a todos nos llega el momento
en que nos vale mierda el reloj.
Llegará ese día en que los segundos no se cuentan
y la luz ya no viaja tan veloz.
Habrá un momento en que no se es rápido ni lento,
solo se flota en resplandor.
Sabrás vos lo que es soltar las riendas,
que un prisionero sin memoria
no aprende la lección.

“Equation” by Hanz Zimmer & Camille. From “Le Petit Prince” Original Soundtrack.

Vísceras

Y me imaginé de rodillas
como jamás lo hice,
frente a la sombra de tu indiferencia
esperando consciencia y compasión;
limpié mis piernas y escondí mis huellas
para que no vieses en ellas la desilusión.

Me preguntas tantas cosas sobre el pasado
se te olvida que aún vivo y que el misterio no murió,
que la sobras de lo que te cuente no revivirán lo vivido
son solo murmullos de lo que ya pasó.

Me fumé las horas y los minutos,
me encaucé en la rabia y el sudor,
dormí por años y olvidé el discurso
así que ahora no me pidas ser orador.

A las puertas de un nuevo aniversario
ilustro las cadenas de mi opresión,
que aunque no las ame ni me queje de su compañía insulsa,
les dedico mi tiempo con ejemplar devoción.

¡Oh tú, doncella de cabezas blancas!
Escarmientas los pesares de mi negación,
conoces los miedos mejor que nadie,
sabes que el desprecio es un arma sin sabor;
¡Masácralo!, abre la puerta del dolor.
Que las vísceras se exparsan en mis acciones secas,
que las lágrimas derritan las bofetadas puestas
y que alguien me diga que esto aún no se acabó.

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“The Death of Marat”por Edvard Munch, 1907.