The Chant of the Wolves

Looking through the mirror
watching the ordinary,
seeking and hiding:
Anger.
The sacred silence
feeds the ghosts,
the unwanted standards
unusually sung.
I hear the piano
and its saddest tones,
I see it all through this glasses
yawning until dawn.
I search for the answers
within my nightmares,
I conquer all my insanity
living two lives
the pity granted,
I reunited with the wolves.

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Imagen Sin Título, Autor Desconocido.

Imposibilidades

Vida
Ausente
Yuxtapuesta
A los rincones que dejaste
Sin llenar, sin desnudar… me
Sin preguntar o sentir mi palpitar
De cerca o de lejos, adorándote u odiándote
Tocándote e ignorándote, para poder permitirnos
Dejarnos ser sin miedos ni presiones, sin rostros ni sanciones
En mis brazos o en tus piernas, en mi pecho o en tus caderas
Yendo y viniendo, sicalípticos en las tormentas de Rembrandt
Aportando objetos de estudio a las ciencias y el arte
Recitando sortilegios sin incredulidad fútil
Sin desistir de ti o sentirme partir
Sin fantasear, sin amar… me
Renegando te marchaste
Desprendiendo
Renuente
Inerte

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Fotografía por Sean Lenz and Kristoffer Abildgaard, “Neon Waterfalls”. 

Cruel – The Head & The Heart

Cruel es una canción de la banda de folk estadounidense The Head & The Heart. Su tonada remota a una nostalgia evidente, de la cual resulta casi inevitable contagiarse. Esta canción habla sobre esos intentos desesperados que hacemos para pagarle al mundo con la misma moneda que nos receta, pero que a pesar de múltiples esfuerzos, hay un límite en esa fortaleza que queramos extrapolar, terminando siendo víctimas absolutas del dolor, de la pérdida y de la impotencia que nos ahoga cuando no podemos alejarnos de lo que nos aflige.

¿Y que hacer si el ser cruel es la única manera que tenemos para dejar ir? Acabar con el dolor no solo propio, sino de quien te acompaña. Todos algunas vez lo hemos intentado ser, para bien o para mal de nosotros mismos, no como un acto de maldad, sino como una desesperada supervivencia de nuestros espíritus marchitos.

La Relevancia

Él se preparaba, con las ansias usuales de un viernes por la noche. Todo estaba listo, el vino era tan fuerte que su olor se volvía prófugo en los corredores del edificio, quizás eso serviría para compensar el sabor de un lomo pasado de fuego. Los segundos en su reloj de pared se paseaban despacio, misteriosos, como evitando transcurrir. El sofá viejo donde hace algunos años habían hecho el amor serviría de anfitrión al reencuentro, quizás un poco más ebrios, un tanto menos ciegos, pero mucho más desgarrados.

El timbre sonó y con él, su corazón se quiso salir, sin saber distinguir entre emoción y temor, simplemente palpitó para darse autoconsciencia de que aún seguía vivo. Allí estaba, erguida, gris, en una espera tan repugnantemente diferente, recordatorio frívolo de lo que eran, un par de cordiales extraños, una convergencia casual sin mayor relevancia, al menos para una de las partes.

Ella entró besando su mejilla, él se preguntó si sus labios serían sensibles a un rostro a medio rasurar, a una piel enfebrecida por mera intranquilidad. Ella se sentó como quien se acostumbra a su viejo bureau, a su ciudad natal. Por supuesto, esa noche el silencio fue quien más habló. Él le acercó una copa de vino, tal cual fuese el antídoto del que dependiese su vida; ella lo aceptó, ciertamente, aún con los años recordaba lo mucho que le gustaba beber.

Ambos sabían que presenciaban un momento forzado, una historia que acabo en el preciso instante en que la significancia se extinguía en una asíntota remota e infinita. Ella sabía el por qué de la cita, él sabía que no existía razón más que la confirmación. La botella de vino se vació y la carne servida se enfrío. Solo se miraron para comprender lo distinto de sus balanzas: él tenía la vista opaca, estancada en un momento, maldita; ella estaba ida, ida en sus excentricidades modernas, sintiéndose ausente, pero exquisita.

Él tocó su rostro con vergüenza, ella lo dejó y le besó de vuelta. – No estamos solos y lo sabes. Le susurró ella tan cerca que él se tragó su aliento a licor, se tomaron de las manos y se dirigieron a la puerta. Las miradas ya habían dicho suficiente, se sabía de antemano que esa noche la balanza no estaba a su favor. Ella recogió su abrigo y quitó el cerrojo, él le acercó una servilleta gastada, carcomida por los años y se la entregó cerrándole el puño izquierdo y sin más apuro le dijo adiós. Volvió a su sofá mientras escuchaba sus tacones por el pasillo número dos, sin ningún preámbulo de consciencia, se durmió. Y en sus sueños la pudo ver, en su auto, en la avenida 9 de Julio con tránsito muerto por la hora, ella sola, llorando tal vez fingiendo, tal vez gestando el peso de las contrapartes. Leí en voz alta y para toda la ciudad dormida, las últimas letras de su carta:

“… porque siempre supe que todos nos damos diferentes importancias, siempre somos piezas distintas en tableros ajenos, a veces somos reyes, otras veces fui alfil y el día que vuelvas seré nulo, aún cuando me encuentre en la misma posición. También mudé, como tú también pedaleé, acostumbrado a ahogarme entre promedios, supe guardarte distinto y no soy quien para exigirte lo mismo”.

 La lluvia le despertó, de nuevo era lunes, miró por su ventana con pereza y por primera vez lamentó no tener resaca. Creía ver la ciudad aun dormida, pero solo veía las siluetas de su mirada aguada aún cuando la lluvia estuviese por fuera, él la sentía aún por dentro. Tomó su café, se preparó, esperando con ansias que volviese a ser viernes. En medio del ruido de los goterones que simulaban el redoble de tambores, se interrumpieron por dos golpes en su puerta. Quien estaba detrás pudo descifrar con ayuda del silencio el acontecimiento y sabía que respuestas no iba a encontrar. Encausada en su nueva nostalgia. Se marchó. Ese día, el sol se puso un poco más temprano.

Acertijos, Ambiciones

Yo que me he tomado el tiempo en vano
Te he obligado a creer en logros
He engañado tus sentidos:
Estado cuántico de mis ambiciones.
Mintiendo en momentos de ambivalencia
Todo para no revelar las plausibles direcciones
Este cuerpo tan lleno de raptos
Tiempo vacío, años exangües
¿acaso a ti no te he sido laxo?
No niego que me han doblegado
Lo obvio se vuelve turbio
Has cedido a tu lógica
Descubierto estoy, mas no me ves.

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Imagen “El Jardín de las Delicias” por Hieronymus Bosch.

El Último Vuelo de la Paloma

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Hoy hace 60 años se marcha, se cumple el último deseo de su diario y se nos va. “Espero alegre la salida y espero no volver jamás” fue la frase con la que se despidió Frida Kahlo del mundo de los mortales, no sin antes dejar un legado imposible de ignorar. Y por que la muerte también se celebra a su manera, quise recordarla en este día compartiendo uno de varios escritos que le he dedicado a Frida, denotando que mi admiración por ella peca de evidente. Adiós Llorona.

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El Último Vuelo de la Paloma

Llorando y batiendo los oleos
batiendo y llorando tus obras
creando la mejor de los amantes
en el crucifijo donde cargabas a tus hijas y sus odas.

Ellos nunca pudieron tu realidad vivir;
no comprendían la serenidad con la que besabas a la dama pálida
y la tranquilidad que te hacías a las armas
para gritar con colores, el hito de ser mujer.

Abriste las piernas para dejar entrar tus temores
dejando que la tristeza fuera indigente en tu alma,
aún cuando alegre te marcharas
aún cuando titilante nos miraras.

Tan sola, tan firme, tan ella
cautiva reposaba como el tequila que adorabas
en las esquinas donde te cantaba Chavela
y donde yo te esperé por siglos, ciento cuarenta y tres veces.

Tan sola, tan triste, tan ella
llorando y batiendo las dudas
batiendo y llorando tus vidas:
Frágil, fuiste tu mi revolución.

That Wasn’t Me – Brandi Carlile

Parte de la magia que tiene lo que se escribe, es lograr que ese conjunto de letras se vuelva representativo para otra alma, otra historia, otro momento; y cuando se escribe, creo que es uno de los grandes premios que puede recibir quien lo haga: lograr que su prosa se traslade a un contexto que ni siquiera conoce. Eso es lo que me pasa con la música, con ciertas canciones que las vuelvo mías y las hago parte de mi historia. That Wasn’t Me es una de esas piezas que ha coincidido con mi historia, una muy particular que influyó mucho sobre quien intento ser hoy. Para una tarde lluviosa como la de este viernes gris, una de mis cantautoras predilectas, Brandi Carlile.

Retroceso

Aquí me encuentro descifrando pensamientos
esos que tengo cuando el sentido se apaga,
titubeo no me animo y me da miedo
descubrir lo que sé de mi mismo y que no me agrada
y es que todos vamos siempre discutiendo
sobre quienes somos y quien seremos con el tiempo
y es que a todos nos remuerden los recuerdos
sobre todo aquellos que no son tan ciertos.

Volveremos a caminar sobre montañas
sobre la arena que quema donde mi piel descansa,
formaremos siete fuertes y un castillo
cuando al final de todo volvamos a ser niños.

Voy contando los centavos que me quedan
ya no siento que me alcancen los espacios,
han crecido las fantasías en mis veredas
donde suelo correr con los pies descalzos
donde sueño, donde río, donde canto
donde ya no me estorban los autorretratos
las biografías y los chismes mal contados,
aquellas veces que te susurré en mis regazos.

Volveremos a tejer miles de hazañas
sobre las dudas contagiadas de esperanza,
formaremos las letras más absurdas en estribillo
de la canción que nos permita volver a ser niños.

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Imagen “Child with a Toy Hand Grenade in Central Park” por Diane Arbus.

Musas: Bosques de Mi Mente

En esta nueva sección del blog titulada “Inspiración Sónica”, se dedicará a difundir piezas musicales que han servido de inspiración para los escritos que acá se presentan. Y como no empezar con un magnífico artista que ha sido responsable de “enviajar” mi mente y mi alma en múltiples ocasiones. Se trata del músico español “Bosques de mi Mente“, cuyas piezas instrumentales poseen una magia y misticismo inigualables. Lamentablemente, por razones que él mismo expone en su sitio web, se retira de la difusión de su arte, por lo que hoy más que nunca, invito a disfrutar a quienes no conozcan de él, parte de lo que al menos a mi, me ha hecho soñar.

Bosques de mi Mente, “La Última Vez que Estuvimos Todos Juntos”

Tal Vez

Quizá si, puedo ser un poco adicto a la nostalgia
Al folk de miércoles por la noche
A las gotas de lluvia que rebeldes acampan en mi mirada
Y le doy un no rotundo a la felicidad
Solo por esta noche
Solo por hoy, tal vez, no la necesite

Quizás ahora comprenda el precio que he pagado
Y las horas que he profanado, los días gastados
Valiéndome de tantas excusas, de tantas razones que creía justas
Me sostuve a mi mismo y me dejé caer
Voluntariamente decidí que debía sufrir
Solo por esta noche
Solo por hoy, tal vez, lo necesite

Quizá solo sea un capricho de invierno
Los rezagos de un resfrío malhumorado
Pero si ya me he dado el lujo de no depender de lo planeado
¿por qué no intentar ser lo que nadie desea ser?
Sentir aquello que fue prohibido, sentir lo que no parece tan humano
Solo por esta noche
Solo por hoy, tal vez, me necesite

Sí, quizá solo por hoy me necesite menos humano
Menos atento a los clichés de la media noche
Menos esclavo de sus opiniones
O al menos quizá, solo de la tuya
De esa que por tanto tiempo me moldeó los pensamientos
Solo por esta noche
Solo por hoy, tal vez, no te necesite

Quizás me haya convertido tan solo en una probabilidad apostada
Que a propósito quiero perder
Burlándome de los años y sus calendarios,
Sintiendo por vez primera lo que han escrito mis manos
Solo por esta noche
Solo por hoy, tal vez, no me necesite.

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Imagen por Salvador Dalí, “Eco Nostálgico”, 1935.