Hasta Mi Final

Postrado en la silla de un juzgado
una vez más condenado
por haber creado un capricho endemoniado
de egos y compañías falsas
que se acaban cuando se sepa
que se escucha y no se habla
porque se sigue siendo sombra
entre tantas patrañas
la lucha es eterna cuando no se tiene agallas
y se paga con sangre el engaño que se hace
a lo interno de la propia alma.
 
Construyo una figura
una silueta ilusa de mi burda necesidad
que antojadiza ordena tal cual cena
ingredientes crudos y un puñal
para clavar la carne y hundirse a sabiendas
de la vida que habita aquel lugar
el cuerpo desnudo de un charlatán
sentimientos en jugo de un huracán
que valen mierda si se quiere jugar.
 
Y en esta silla donde hoy me juzgan
culpable me he de declarar
si esta cabeza sucia me anuncia
la película cruel que creí olvidar
pero que aún corre por los tóxicos conductos
de una intención bipolar
que con euforia libera deseos abruptos
que no miden su impacto a la hora de golpear
pero que mueren de tristeza sin mucho augurio
con el mismo miedo que se le tiene al mar.
 
Porque un cuarto verso aclara
la vicisitud del funeral
que con muchos muertos se carga
si con fuego he de jugar
asesino o testigo
la daga su daño ha de causar
adrede, sin disimulo, no me creas nada, huyo
hasta mi final.
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“Silence” by Laura Makabresku. 

El Artista

Viajó de pueblo en pueblo
y conoció sus secretos
se convirtió en artista sin saberlo.
 
Escribió canciones,
poesía y sonetos
engañó a cientos
artista siniestro
se vistió de musa
y embriagó su talento.
 
Una vez se enamoró
por más que luchó y se negó
sucumbió.
Su castigo fue ese
oh pobre artista
cómo sufrió.
 
Quiso cambiar
ser otro a momentos,
vestirse fino
y hablar sin miedo
falsa confianza
y falso enmiendo
siguió siendo artista
para mal de los viejos,
pues contó historias
lo que observó de lejos,
se vistió de victoria
sin serlo
para alcanzar el trono
de los hombres necios.
 
Estrella blanca
luz de invierno
busca al artista
que lleva por dentro
para darle vida y madera
necesita de hechos
pero le duelen en puta
risas, recuerdos
robando vidas
olvidándose de la propia
dulce agonía
vida de artista
que llora y que grita
en arte de esquina
que nadie escucha
y nadie mira
miserable se queda
esperando a la vida
que encierra en su caja de insignias.
 
Muere el artista
por amar a quien no debía
dejar que la carne
fuese sustituida
delego incorrecto
amor que migra.
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“Hand” por el pintor Javier Arizabalo.

Parte de un todo.

He sido parte de un todo
de eso que llaman bueno
y de lo que no lo es tanto
he estado aquí y he querido irme allá
algo me detiene
y no me deja avanzar
por eso me he vuelto a observar
y a entender que ven los demás
no para darles lo que quieren ver
ni ser el boceto que muda de piel
porque si he sido parte de un todo
si me formo a base de pedazos
si tengo de todos un átomo
he fallado más de lo que he pensado
y mi rostro he deformado
he sido parte hasta de lo que he odiado
contradiciendo mis discursos
llenándome la boca de absurdos
he sido un poco y un tanto
me he ido desdibujando.
 
He sido misógino, retumbante
he herido a los débiles, sintiéndome más fuerte
he mentido a las paredes y a los valientes
haciéndoles ver como cobardes, insipientes
he sido homofóbico y racista
la xenofobia se ha paseado por mi vista
he juzgado sin saber y he dudado en mi bien
he condenado a mi razón creyéndola correcta
los determinismos no me han llevado a ningún lado
sigo aquí estancado
ignorando lo que he sido y aún soy
jugándome todas las cartas sin buscar redención
he sido ateo y creyente
me he lanzado a la corriente
y he creído en himnos delebles
la facilidad seduce mis conductos
corrompe la sangre que alimenta mis triunfos
sin saber que no han sido más que listones difuntos.
 
He sido famoso y olvidado
irrelevante y arrogante
he sido hombre y también niño
he sido fémina en mis aullidos
he sido extranjero y refugiado
exiliado e inculpado
he sido rebelde y obediente
he amado a hombres y a mujeres
he sido hijo y también hermano
he sido humilde cuando he errado
he traicionado y he hecho daño
no hay noche que oculte del todo el menoscabo
taciturno he deambulado
he estado solo y acompañado
he disfrutado de este mundo todos sus lados
me he vendido y me he comprado
he creído en mi imagen, pero también la he borrado
he fingido y engañado
he dicho la verdad y me he callado
he sido parte de un todo
y ahora me devuelvo a la nada
por jugar en todo lado
sin piezas me he quedado
construir una vida no es fácil
pero para empezar de nuevo
es porque algo ya ha terminado.
The Silence_Brooke_Shaden

The Silence by Brooke Shaden, 2016. 

 

Alone in the woods

There I was
swinging in the middle of the trees
as I was no human
the kindest soul of a baneful creature
I certainly know I was not.
Then there was this house, a wooden house
introducing me to the eeriest thoughts
How the trees may be feeling
surrounded by a temple made of tree corpses?
Parts of their body
Parts of their pain and anger
as cheer and joy.
There I was
standing in silence
observing a reality I believed was mine
breathing the air of life.

"Girl in the woods (II)" by Vincent Van Gogh, 1882.

“Girl in the woods (II)” by Vincent Van Gogh, 1882.

Enredaderas, Frío y Helechos

I

Fue un jueves por la tarde, cuando decidí recluirme en las montañas del pueblo. Un aire frío cobijaba las pocas partes descubiertas de mi rostro. Aún no oscurecía cuando llegué y logré sentarme, una calma momentánea, ver la majestuosidad del cielo, las nubes y lo pequeños que lucían mis sueños desde allá arriba. Solo. Solo como un Thoreau; tuve ganas de llorar, pero se esfumaron aún cuando no las contuviera. Había mucho en qué ocuparse. Fue un jueves cuando llegué allí.

Zhang Jie,

Zhang Jie, “Cold”.

II

Encontré una corbata en el suelo y los pantaloncillos rotos que le avergonzaban. Odiaba verse el pito repintado, como si fuese un bulto ajeno a su cuerpo. La comodidad se había vuelto lo moralmente incorrecto, al menos en términos de simpleza. La sofisticación era una nueva droga, insípida y fatua. Pero él se afanaba un poco más: el auto, la casa, los niños. Iba dejando pedacitos de su vida regados, olvidados. Desperdicio era ante mis ojos, mas no soy quien para juzgarlo.

III

Se acercó sutilmente a donde yo estaba. Simulé ser presa del discurso y diplomacia que le caracterizaban. Con respeto falso inmiscuía en mi pasado. Los títulos, el dinero, las zorras o el consuelo, cualquier cosa a que llamarle éxito. Me enfermaba con cada palabra, cada gesto. Incluso sus arrugas eran las del molde de su abuelo. La tradición de lo que se debe ser superpuesta a la carne, las entrañas de lo que es, lo que se siente y piensa. Cuestióname, cuestiónate. El juicio apenas iba a comenzar y ya habían declarados culpables e inocentes.

IV

La última copa me supo a gloria. Tenía de esa sed inusual que cuspaba mis raíces en aquel viejo y sucio piso de madera. La casa había estado sola por mucho tiempo. Encendí la chimenea y me senté a esperar la noche y el hielo que enfriara mi distracción y el whiskey. Saqué el viejo cuadernillo y me puse a escribir. Muchas incoherencias como siempre. Era lo que habitaba en mi cabeza, reproches y angustias por la incertidumbre de lo que no acontece aún. Abrí las ventanas para sentirme desnudo, hace mucho tiempo que no cambiaba de cuerpo.

Zhang Jie,

Zhang Jie, “New Night”.

V

Ella me estuvo reprochando cosas esa noche. Yo no le ponía atención, pues debía afinar los últimos detalles de aquel fasto púlpito. Me iban a dar en la iglesia un buen billete por él. Justo lo que necesitaba para tener un lugar donde irnos a coger. Habían pasado dos días ya desde la última vez y a ella se le notaba en su irritada manera de hablar. Conversé con el pastor y me prometió pagarme antes de las cuatro. Le esperé en el templo mientras volvía junto a varios feligreses a valorar la obra. El silencio me reprendió y por la misma inercia mis oídos comenzaron a escuchar el órgano sonar, con música tan fúnebre como la morbosidad de la religión misma. Hay que ser muy perverso para matar todos los años al mismo tipo, pensé. Cuando la masa de gente entró por aquella puerta, sus palabras estaban muertas, diseñadas y secas. Ellos me hablaban de bendiciones y de dones. Yo solo quería coger.

VI

Maldito puerco y sus rutinas. Me dejó ahí inválido y sangrando. Los colmillos del perro aún eran visibles en mi brazo. Por la puerta de la izquierda entró una mujer gorda en camilla, gritando despavorida y con las piernas descubiertas. El anciano de la esquina le miraba parir, esperando que esa nueva vida fuera el ciclo inicial de la suya. Se le veía en la frente que ya no quería vivir. Había mucho ruido, le subí el volumen a la música; Wovo era de mis álbumes favoritos aquella noche. Mis ojos se fueron cerrando y el dolor se esfumó. De pronto recordé que me había meado encima y traía los pantalones manchados de vómito. Quiero levantarme, pero estoy débil, no hay quien me atienda. Nadie atiende a los adictos. Todos se sienten tan dioses para doblegar, pero tan humanos para suplicar. Dos caras de una misma moneda. Saqué de mi bolsillo otro ácido y me eché a dormir.

VII

El sol apenas salía y nosotros no habíamos dormido en toda la noche. Su silueta desnuda se repintaba con los primeros rayos y ella bailaba sobre mi. Haciendo poesía, fuimos la poesía misma sin ser poetas. Sin letras ni lamentos, solo la respiración agitada. Nos arrodillamos para pedirle perdón al viento y al frío de aquella posada; fuimos combustión y llamas para incendiar la luz y su pecado. Sus uñas en mi espalda. Reencarnamos en quienes no sabíamos, la muerte a veces también es necesaria.

Zhang Jie,

Zhang Jie, “Rest”.

VIII

Página 206, párrafo tres. Era muy joven para ser docente, pero muy viejo para tener fe. Recibí una carta del rector ese día pidiendo mi renuncia, había quienes me culpaban por los disturbios del comité académico y su grupo de buitres. Le escupí en el rostro y salí de allí regalando mis libros y citando a Bukowski. Nunca me había sentido tan libre como para irme sin tener que huir, estaba recogiendo los frutos de ser quien era y jamás me sentí más feliz. Me alejé del mundo de los hombres y mujeres, sus anhelos de domingo, los paseos de verano, el almuerzo prudente y el café de las tres, sus pláticas estridentes, el tomarse de las manos, de los bancos, del charol, los vestidos blancos, de lo bueno y de lo malo, las apariencias que envenenan, los engaños que ciegan, las extremidades rotas por el fanatismo, la renuencia a la crítica, simplemente me alejé. Fue un jueves cuando llegué; me senté a esperar que el frío y el aire puro llegasen para que en mis limbos comenzara a llover.

En el Cosmos

¿Cómo hacer para que me comprendas? De vez en cuando lo requiero y me recluyo en el silencio más ruidoso que puedo crear, donde otras voces dicen lo que yo reniego y me desvanezco involuntariamente en la nada, en mi todo, fuera de toda verdad. ¿Podré conseguir esta seguridad en algún otro lugar? Disfruto tanto elevarme como dejarme caer; y aunque vuelva mi mirada tres años atrás y vea todo tan distinto desde la misma nube, me hace pensar en lo caprichoso que se vuelve el tiempo, en como nos devuelve a esas islas llenas de múltiples formas verbales, donde converge la reclusión con mis banderas blancas. ¿Hipocresías?, sí las hay incluso aquí, sobre todo cuando creo que me he dado treguas. ¿Esperanzas?, de vez en cuando se aparecen, tal vez hoy las arrastró la lluvia, o solo sea tiempo de no pensar en ellas, pues ya se me gastaron las palabras y solo me quedan unas cuantas proezas. ¿Cómo hacer para que me comprendas? Creo yo que eso ya no me interesa.

principitozorro y rosa

Lágrimas de Diablo

¿Que será de mi si me gana la locura?
Siempre ha estado conmigo,
pero hoy me saca ventaja.
Se ha vuelto veloz, se ha vuelto gata
me reclama a menudo y
me perdió la confianza,
dándome bofetadas en demanda de reacciones
Y yo que solo intento besarla.

¿Qué se dirá de mi en la corte?
Si ya me han sentenciado tantas veces
que no les cabe una vez más mi nombre,
cargo conmigo mis propias prisiones,
¿Quién cuidará de la flor con la que hablo?
Ya no estaré para decirle que la amo,
ni bailaremos por las tardes hasta sudar las alertas, los insultos y las reglas,
no estaré más para abrazar mis alucinantes setas,
los duendes de mis bosques
y los hechizos en mis letras.

Lejos me iría si me caza la locura,
lejos donde no valga más la pena ser un cabeza dura
y rendirse esté de moda,
pues todos visten las mismas culpas
¿Cómo habré de lavar mis malas intenciones?
Si a donde me llevan no hay sol ni hay agua
estoy solo yo y mi maldita rabia
palabras escritas en pizarras
con mensajes sin vergüenza subliminal,
aquí solo reina la doble moral,
el sarcasmo es lo prohibido,
el ruido adquirió sentidos.

¿Qué será de mi si me gana la locura?
¿Quién me dice que sucede si cedo ante mis párpados y los dejo rezar?
Con este escrito a medias, ¿qué pasa si tan solo duermo?
Llorar ya no es opción, lamentar nunca lo fue
le puse candados a los sentimientos
y por eso he de pagar con creces los intentos,
¿Qué será de la vida sin advenimientos?
¿Acaso alguna vez estuve cuerdo?
Quizá sea tiempo de volver a ser feto,
tal vez no había nada que se pudiese hacer desde un comienzo.

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Imagen Sin Título, Autor Desconocido. 

Where I Lived, and What I Lived For

Cita

“I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived.” – Henry David Thoreau

Este es un poema publicado en el ensayo “WaldenLife In The Woods” (“La Vida en el Bosque”), por Henry David Thoreau en 1854. El ensayo en su totalidad representa el manifiesto de su autor por la autosuficiencia y un mejor entendimiento de la sociedad por medio de la introspección. Una de las particularidades del texto es que es presentado en forma de un solo calendario anual por el cual atravesando las cuatro estaciones, logra manifestar su concepción de desarrollo humano.

Fue esto último, aunado a la identificación de mi mismo a lo largo de este escrito, lo que me lleva publicarlo aquí, en su idioma original claro está, no soy quien para ultrajar la forma tal cual esta magnífica obra fue escrita.

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Crónicas de la Vida y la Muerte: I

Hace tan solo unas horas conocí la luz
Y ya me exigen argumentos para aceptarla
Me corrigen mis hábitos; renunció a mi alma.
Cabalgo a trote lento, asimilando sus verdades
Las historias me envuelven, me hacen crear la mía propia
Con peones y alfiles batallo mis reinas
Condeno al llanto; no se llora por hambre.

Las reglas son claras, ya todo se planeó
El destinó está forjado, no hay marcha atrás
Me condicionan la libertad, a las cercas de sus deseos
Se vuelven mortales mis ojos
Ahora solo ven lo que quieren ver,
No lo que hay, lo que surge, lo que lucha por existir.

Hace tan solo unas horas supe lo que era la noche
Y de ella me enamoré
De su silencio que me recordó la paz
Su obscuridad sedujo mi sueño
Y la imaginación aprendió a volar,
Pero me hiciste creer que era nociva
Peligrosa, traicionera
Y por mi sumisa consciencia, te creí.

Me encaucé en eso que llaman crecer
Y aquí voy con tantos rumbos que no son míos
Con tan pocos sentidos definidos, pero lleno de presagios
Esperanzas muertas de lo que aún no ha nacido
Se forja sobre mi espalda el peso de sus vicios
Mientras sigo creyendo, que estoy vivo.

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Imagen: Frida Kahlo, “Mi Nacimiento” 1932.

Discurso

Solo
Sin una estructura
indigente en mi propia alma
peleado con la retórica
sujeto de filosofías.

Vivo
Con pies que no obedecen
lleno de verdades no tan ciertas
y criterios en penitencia
a las orillas del silencio.

Escaso
de entendimientos tangibles
con dudas que carcomen cimientos
la narrativa derrumbando lo casual
destruyendo lo rebelde de mis rutinas.

Solo
Con palabras sin mutar
las tonadas mudas
me gritan, me exhortan
raptando las ganas propias de flotar.

Muero
sucumbiendo ante la hermenéutica
en el discurso que me dio la vida
y me la arrebataba a bofetadas
cada jueves cuando no me escucho.

Pleno
en múltiples distracciones
yaciendo en los rostros inertes
las historias impuestas por genética
los suicidios de la lógica por sentirse tan racional.

Solo
en las penumbras color piel
cegado por tanta luz
guiando sin antes haber sido guiado
usando teoremas sin números y sin incógnitas.

Callo
No hay voz para lo que pienso
se cierran las ventanas
se prohiben los murmullos
los rumores que ya no venden.

Solo
conociendo lo que no existe
culpando al tiempo prostituido
castrando las capacidades
culturizado por los sabios.

Grito
en el más cruel de los lenguajes
esos que pudren la lengua
cometiendo sacrilegios no divinos
beatificando hasta lo más erótico.

Solo
sin mas poemas dedicados
quizás porque haya perdido la noción de mérito
o por mi obsesión por olvidar
cansado de la calmada opresión.

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