Abrázame muy fuerte

Abrázame muy fuerte
no vaya a ser que el sol me abata
y sucumba de rodillas toda mi alma
porque se ha cansado de esperar
la culpa errata.

Abrázame muy fuerte
hasta que se derramen mis lágrimas,
que necesito el calor de la sangre humana
para dejar de ser un acusado sin tribuna,
inocente sin sentir la lucha justa,
un veredicto que despache a mis lunas.

Sujétame las manos en esta tormenta
haz que mis heridas no duelan más de la cuenta,
que cicatricen las grietas en mis suelas,
que el camino es más yermo con la razón a cuestas,
no quiero que resbalen mis huellas siniestras.

Abrázame muy fuerte,
abrázame con todas tus ganas
que puede ser esta mi última noche de hazañas;
hereda mis costumbres más mundanas
y véndeme en pedazos a las gitanas…

… para recorrer el mundo sin mis alas,
floreciendo como florece la muerte en antesalas
de las velas fúnebres o un coctel de gala
donde se pone precio a la vida humana
y se adoran las patrañas.

Abrázame muy fuerte, te pido que ames mis palabras
escogidas fueron como el mesías de puritanas,
arrojadas en una poesía escrita sin ganas
a la orilla de una visita inesperada,
abrazando a un cadáver sin sus hadas.

Photo by Eva Rubinstein.

Photo by Eva Rubinstein.

Sortilegio

Aire fétido,
sumerge los corazones solitarios en océanos grises
para descubrir los secretos carcelarios.
De su identidad, el mutismo
perturba las almas que creían en la esperanza
y las envuelve en su seductora burla.
Caricias anónimas
construyen presentes que atentan con dañar el futuro
y arañan como gatos las entrañas y manubrios.
Sonríen y escapan, desfallecen.
¡Oh dolor! En tu prisión, cautivo, mi libertad perece
¡Mierda! Mis brazos, sus senos, la muerte y el desvelo
la desvisto con mis labios.
Labios que han roto los puntos de sutura, antes despreciados.
Y ahora apuñalan mi vientre
hasta desangrarme por completo.

Fotografía de los autores (de izquierda a derecha), Esteban Mejías, Rodrigo Corrales y Luis Barboza.

Fotografía de los autores (de izquierda a derecha), Esteban Mejías, Rodrigo Corrales y Luis Barboza.

Este escrito, resulta de un cadáver exquisito de autoría compartida con Esteban Mejías y Luis Barboza.