El pasado vuelve

El pasado vuelve
vuelve en hechos
vuelve en actos
en personas y en olores
vuelve solo y acompañado
se expone abierto
en mis regazos.

Vuelve en canciones
y melodías
vuelve en copas
trae alegrías
a veces tristezas
otras enojo
trae tantas cosas
que puedo mirar recuerdos con mis ojos.

Vuelve desgarrado
o vuelve con fuerzas
desnudo a veces
otras lleno de efervescencia
se pasea en mis narices
en ocasiones me besa
me da de palmadas
o me convierte en su presa.

Vuelve, vuelve siempre
y yo se lo permito
aún cuando todo sea diferente
el dolor que trae me da alivio
por los días vividos
y el tiempo invertido
los amigos y sus risas
alrededor de un vino
él vuelve, siempre vuelve
se sienta a verme en la acera del frente
mis puertas no abro, no vaya a ser que entre
pues no todo aquello que vuelve
merece ser parte del presente.

Fotografía "Those Who Like the Past" por Nathan Troi Anderson.

Fotografía “Those Who Like the Past” por Nathan Troi Anderson.

Alevosía

El ángel asesino,
quien desterrado del paraíso
buscó gloria.
Divino niño,
razón de mis pesares y siniestros temores,
la orgía que ocurre en mi mente,
el sexo entre nosotros,
una farsa que brinda paz en medio de este caos
y abraza la imposibilidad.
Se abre paso, astuta e indolente,
maravillosa fantasía y sublime artista,
musicalizando la tristeza,
el fuego.
Ya no importa nada,
suicidio,
divino niño, ángel purificador.

“The Fallen Angel” por Salvador Dalí, 1951.
“Dear Seymour, this piece reminds me of you… a man looking inside of himself” (Inscripción escrita en la parte de atrás de la pintura original).

La sincronía no siempre resulta tan común y mucho menos instantánea. Por eso, cuando se da, se acuña a esos rincones de la mente donde se guardan los aprecios que atesoramos. Este escrito, resulta de un cadáver exquisito de autoría compartida con Esteban Mejías y Luis Barboza, siendo así una de esas sincronías, de gran estima.

Post-Mortem

Me gusta la casa de noche,
solo,
en silencio,
así, protectora.
La luz de las lámparas de calle
el ruido de los grillos
los autos noctámbulos
mis voces discutiendo,
los sueños despiertos.
Me siento en el sofá,
contemplo
las rutas desoladas
y el correr del viento,
la llovizna solitaria
con su luna arrogante
me mantiene despierto tanta calma,
me hace descansar con los ojos abiertos.
Me encanta la casa de noche
mis padres duermen
descansan sus preocupaciones.
Me encierro en el baño
para ahogar sollozos
pienso en lo bello de mis fantasías
de todo aquello que no es cierto,
pero que sé que todos anhelan.
Es más de media noche
también es lunes
casi no se ve gente de fiesta
ni maleantes, ni siquiera ratones,
todos duermen,
recetan sus cabezas
dosis de almohadas frescas,
cobijan sus metas con la luz que aún no existe,
el sol de un día con extinción definida.
Como me gusta mi casa de noche
el único momento de mi seguridad
en tantos sentidos
y con tan pocos latidos,
me siento en medio de la sala
y aún con frío me quedo dormido
en la tercer velada
desde mi último suicidio.

"The Empty House II" por Christine-Muraton.

“The Empty House II” por Christine-Muraton.

Una canción tonta para los días sin respuesta

¿Yo? Yo sí me enamoré
lo hice alguna vez, mas jamás te lo conté.
Y sí, yo renuncié al cielo
tuve que tocar el suelo
y no te tuve ni una vez.

Y es que la vida es así de irónica,
te llena de ilusiones,
de falsas decepciones
y te deja caer.

Y es por eso, que no volví a creer
en los cuentos de hadas,
las sábanas sin manchas
y el sexo sin placer.

Y es por eso, que no volví a ceder
las horas salen caras,
la angustia es perra ingrata
no volveré a perder.

¿Yo? Yo sí me ilusioné,
creía en tus patrañas,
tus besos tienen maña
y que ni se diga de aquel…

¿Tú? Sí, tú
te creíste omnipresente,
un litro de aguardiente,
la diosa del burdel.

Y es que la vida es así de ilógica,
te tumba de rodillas,
te lanza hacia la orilla,
y eso te va a doler.

Y es por eso, que no quise entender
la ciencia en las caricias ,
los dioses y ninfas,
la burla del placer.

Y es por eso, que no volví a creer
en la hipócrita apatía,
la lluvia no es mi amiga
yo volveré a caer… Lo sé.

"Autorretrato con guitarra" por Cristina Alejos.

“Autorretrato con guitarra” por Cristina Alejos.

El dolor que llevamos dentro

Las paredes de adobe
desboronando hoyos,
la lluvia grácil
dibuja en mi ventana
las lágrimas que oculto
las cosas que jamás podré decir.

Se escuchan los gritos,
las disputas y su enojo
no hay más daño que el estar juntos
y no hay peor pecado que haber nacido,
escasean los recursos,
llorar está prohibido.

No hay pan para la cena
de todas formas llevo días sin apetito
mi padre no tiene trabajo,
mi hermana espera un niño
y yo me sigo odiando a mi mismo
como si no tuviese suficiente en que ocuparme,
sigue lloviendo
me cobijo con la música
y su módico consuelo.

Ayer anunciaron de nuevo el desahucio
mi madre llora a escondidas y lo maldice todo
yo sigo asustado,
aún cuando ya lo haya estado por trece años
la lluvia no cesa
solo hay ruido y extraño el silencio
lo he intentado de todo
mas no hay auxilio.

Voy al colegio por las mañanas
también llueve cuando estoy allí,
siempre llueve por dentro,
escucho las pláticas de mis compañeros
no las entiendo
me asusto muy rápido,
me escudo en mis inventos,
estoy tan confundido
que yo solo me he herido,
me desconcierta los vellos en las axilas
y mi órgano erecto
hay cosas que no sé,
hay cosas que no comprendo.

Llego a casa, a los ojos de mi hermana
su delgadez traducida en fragilidad
no sé cómo protegerla
no sé cómo ser un hombre, ser una persona
nadie te enseña a dar abrazos
o a pararte frente a las balas con solo el pecho
desnudo y dispuesto,
nadie enseña a poner las manos sobre el fuego,
no hubo quien me enseñase cosas
en las que pudiese ser bueno.

Treinta y tres años después
parado frente al espejo
con los mismos demonios del ayer
y un exorcismo mal hecho,
me lamento por tanta lluvia y desacierto
ya no sé si culpar a Dios o a mi intromisión,
no sé siquiera si estoy enfermo
mis amigos me lo anuncian con palmadas
me frotan la espalda sin consentimiento
ya no sé que hacer con tanta sangre que me sobra en el cuerpo
no se lava, ni se seca
no se acaba tanto ruido en mi cabeza
todavía duele, sigue el duelo
y por dentro, aún sigue lloviendo.

Fotografía por Ken Domon.

Fotografía por Ken Domon.