Luz de medianoche

Siento que se me acaba el tiempo
el tiempo se acaba y yo sigo quieto
quieto en la penumbra de un sueño
sueño que se disuelve en la rabia y el estruendo.

Siento que la vida es tan solo un momento
un momento de repeticiones galopantes al viento
viento que devuelve la raíz de hechos
hechos que violentan la paz de mis viejos.

Siento que no avanzo y que se me agota la fe
fe que abunda en la boca de mi madre mientras yo me muero de sed
sed que se alimenta de mis miedos y mis males
males que atormentan con duda discursos fundamentales.

Siento como la piel arde ante la zozobra
zozobra que silencia con los años mi derrota
derrota que recuerda la herida abierta
tan abierta como está la puerta de mi espalda rota.

Y, ¿qué si usted se vuelve citadino de este caudal de ruidos necios distraídos?

Y, ¿qué si usted se vuelve la burla ciega de los fallecidos?

La vida se sienta a ver como tejen las marmotas, como saca a pasear la política a sus mascotas.

Y, ¿qué si usted se sienta frente a frente, a este rostro que lleva marcadas las mentiras más corrientes?

Y, ¿qué si usted se olvida por un momento de mi nombre?, para abrazarnos vagabundos a la luz de media noche.

empty

“Empty”, Unknown author. 

H.

Di lo que tengás que decir
a la orilla del lago
cuando vaya amanecer
en tierras de extraños
cuando piensas en voz alta
con la mirada abierta
y te ríes de la vida
con un disfraz de fiesta.
Sigiloso como el viento
estuviste más atento
pero no se te olvide, cuervo
que yo también observo
como depredador y presa
una víctima honesta
me tumbé en la mesa
fricción y fiereza.
Fuiste momentos
instante importante
un tanto sincero
fuiste rejego
y a veces dispuesto
te importó una mierda
y yo tuve miedo.
Y aunque nunca leas esto
aunque nunca sepas
lo que pasa adentro
sé que no te quiero
a prueba de secretos
pero fuiste estruendo
tormenta en desierto
la huella citada
obscuridad y consuelo
por eso me alejo
y busco al silencio
para escucharme de nuevo
y entender mis infiernos.
rmdespedida

Pintura por Remedios Varo. 

Sirenas

Las ramas se quiebran
y caen sobre mi cabeza,
tanto peso en ellas;
me asusto en su presencia.

Luces rojas, un azul se esconde
veo en sus rostros la angustia deforme.
Cuanto desearía tomar sus palabras
y ponerlas a su favor,
desmarchitar sus suelas gastadas
mostrarles el mundo que miro yo.

Hacen ruido a su paso
sembrando el pánico
reflejan sus gritos en silencio
cuando se pegan en mi ventana;
recuerdo el daño hecho cuando yo era un niño,
recuerdo aún como crujían los vidrios
y la desesperación que me daba al verlos
tan rotos y cohibidos
tanta vida encerrada en dos cuerpos fríos.

¿Es por eso que se explica las heridas con sus hilos?
las cicatrices que cargo en una cara
donde no hay espacio al olvido
pues siguen sonando las sirenas,
¿por qué me hace tanto daño el ruido?
¿dónde está la fuerza, esa paz que tanto pido?
Poco a poco se apaga su emergencia
y pareciera que el dios de hierro es su motivo,
avivando el miedo, aún no se apagan las sirenas,
pero si se apagan ellos conmigo.

camil tuncan18.jpg

Fotografía por Camil Tuncan.

Cobarde

Tiemblo.

Estoy temblando
y no sé si es de rabia
o de miedo.
Mis brazos no sostienen coraje
y mis pies yacen helados.
La respiración me traiciona
y muerdo mis uñas.

Cabizbajo,

miro como si el suelo
fuese un aliado
mis manos
ellas siguen temblando.
La sangre hierve
puedo sentirlo,
aún cuando en mi cuerpo
abunde el frío.
Me atraganto con palabras,
no sé si sea ayuda
o sea insulto.
La voz se esconde
en su pequeño mundo.

Mis maletas
preparo,
casi todo
está listo.
Pero aún no tengo listo

mi denuedo.

¿Cómo dejarles solos en este contexto?
No es seguro aquí
y a ellos
les traiciona el cuerpo.
Escucho gritos
todavía caen piedras
en el techo.
El ultraje y la mofa
siguen,
a tan solo una pared de distancia.
Y aún así
yo me alisto,
me preparo para un destino
que ni siquiera sé
si es el mío.
No tengo paz,
solo sigo teniendo frío.
Las náuseas volvieron
y el insomnio
duerme conmigo.
Porque me duele.

Lloro.

Tengo mucho miedo.
Parezco un niño
encorvado bajo su cama
y los abrigos,
para no escuchar la lluvia
y el trueno,
tapa sus oídos.
Así me siento

retraído,

escondido entre las sombras,

maldito.

Incapaz de dar auxilio,
la antítesis
de un héroe erguido;
se cortan las vías
de mi alivio.

Soy cobarde
de eso estoy seguro.

¡Cobarde!

Un maldito cobarde.
Me mata de a poquitos

la angustia,

me quedo dormido
en silencio.
Sueño
ser valiente
y cuando despierto,
lo olvido.

Imagen "El ángel herido" por Hugo Simberg, 1903.

Imagen “El ángel herido” por Hugo Simberg, 1903.

Hay Muchas Voces

Hay mucho ruido en mi cabeza, las voces han vuelto.
Se ríen, gimen, lloran, critican y nadan a sus anchas,
en mis calles vacías,
la anciana con frío que camina rezando, sus vestidos de día usados de noche,
un cristo negro de Esquipulas es tratado como ancla.
Camino rápido, me siguen.
Miro sus sombras y sus posibilidades,
ambas llenas de magnánimas mentiras,
intentando engañarme a caer y ser uno más de los discípulos,
de los que creen,
de los que anhelan,
de los que gozan y
de los que alaban,
los que crían hijos a su imagen y semejanza; corrompida se acuesta mi alma.
Me tocan los hombros sus andrajos,
dejo de huirles y me siento. Sí,
ante mi público, ante su espera
¡soy su víctima perfecta!
¡Crujan sus dientes en mis frutos y déjense de pendejadas!
¡Digan de una vez de qué están hechas sus armas!
Pero no aplaudan cuando muera que esa no es por menos mi derrota.
Froten sus manos si paso de cazador a presa y
se abra mi mente a sus amenazas.
Los huecos en mi memoria,
las palabras que no fueron ni serán perdonadas.
Las acciones dibujadas en globos donde encerré infantes;
las cartas que escribí y envíe con la bondadosa intención de ser malvadas.
Mi falta de moral.
La falsedad con la que tomé sus brazos y les arropé,
todas mis cervezas regadas en los corredores del pasado,
ese que aún vive en mis paredes; late cada noche a las siete.
Me recuerda que debo salir que debo ser esa versión que improvisé y
que uso a veces tal cual traje de gala.
Hay muchas voces en mi cabeza,
solo yo me quedo callado.
Las oigo cantar e inventarse historias,
dramatizan y agudizan mis peldaños,
la desconfianza se folla mis ideales imaginarios,
se entrometen los suicidios de mis instituciones.
Hay muchas voces y yo tengo sueño,
hay mucho que hacer, pero estoy cansado.
Hay mucha gente acá arriba y yo aún sigo tan abajo.

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Imagen “El Corazón de la Locura” por Salvador Dalí.