Still

Late at night I was dying
But you rescued me with that call you made
All I needed was a place to stay
A glass of wine, and get rid of this pain
We talked for hours and I guess we cried
A huge catharsis wrapped into smoke
Where all the fake images turned into dust

Oh how well you got to know me
The darkest sides I never showed
And you still stood there so long

Oh how well you touched me
And made me believe that there’s a God

I quit from my sadness from the moment we got through
I hired this madness; no one thought I’d be able to
Why did you make me believe? Believe in destiny
Even though I was not the better man
And you still stayed right next to me

You were not ok; I knew it and I kept quiet
‘Cause I just loved the way you lie
Those parts of you that seemed to collide into mine
You were the sweetest, and you made me love cats

Oh how well I got to know you
The words that you told me no more
But with that look it was enough

Oh how well you loved me
And let my shame to be over

I quit from my sadness from the moment we got through
I hired this madness; no one thought I’d be able to
Why did you make me believe? Believe in destiny
Even though I was not the better man
And you still stayed right next to me

I used to think I knew it all, but I was wrong
‘Cause the greatest knowledge I claimed to own
Was hidden in your chest for so long
You got the power to win me over
And made me feel drunk even when I was sober

I quit from my sadness from the moment we got through
I hired this madness; no one thought I’d be able to
Why did you make me believe? Believe in destiny
Even though I was not the better man
And you still stayed right next to me

stefano-bonazzi04

Picture by Stefano Bonazzi, “Faith Is Torment”

El Tercer Túnel

Fue su mirada la única despedida
recibí en ella más abrazos que en toda mi vida
sujetaste mi alma, tal cual broche
abriste la caja donde encarcelo mis dolores
me condenaste a pensar en ti toda la noche.

Tu ausencia fue mi sentencia de muerte lenta,
siendo mi última petición tu recuerdo;
me encaucé en la celda de mis preocupaciones sin sentido,
nunca fui asertivo al confiar
por eso no me queda más que el consuelo de la espera
amante inquieta, falsa y poco ligera
Mas si ya nada queda, dejaré que sea ella quien me quiera.

Pues justo en el momento que me animo a volar,
mis aviones comienzan a caer al mar
convirtiéndose en islas desiertas y titanes hundidos
convirtiéndose en ciencia o en mito,
recordándome que fue su mirada, un adiós maldito.

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Fobos

Aire. Me falta el aire y nadie lo sabe. Me carcome el miedo, se paraliza mi sangre. No fluye más. Murmullos y susurros, se convierten la luz que resguardan mi norte, voy y vengo, me devuelvo, me quedo quieto. Hay en mi tanta impaciencia como inciertos, ya incluso ni me da sueño.

Atrapado sigo entre la eterna batalla de la vida y la muerte, la injusticia que no recibe castigo, mis penas sin algún alivio. Noches en vela que no terminan, no se van al caducar los meses, se encarnan y esconden la serpiente alerta entre mi ropa, no saben que ya ni duermo.

Horas estratégicas, cansancio, paranoia, me paseo por la casa a obscuras, esperando ser valiente, queriendo estar presente en el momento de su acto, sin saber siquiera cómo habré de actuar. Me lleno de odio y de rabia, no hago más que alimentar mis ansias y poner más peso al que cargo en mi espalda.

Tengo miedo lo repito, tengo miedo aún cuando los augurios presagian cucarachas muertas, enemigos débiles ahogándose en sus infortunios. Tengo miedo, aún si cargo mi amuleto, el búho mecánico con ojos de luna, sin más decoro que sus plumas. Sigo con miedo, siguen mis noches inseguras.

Escucho, mi cuerpo yace, mi mente sigue en desvelo, mis ojos se mueven rápidamente en mis submundos. En el momento justo de sus ataques y sus anuncios, despierto.

Ab Eo Quod, 1956.

 

Imagen “Ab Eo Quod” por Leonora Carrington, 1956. 

Ceniza

Adicto al dolor, se sumerge y no se entiende.
Aturdido por tantos vuelcos, se cambia y se anula.
Se lo lleva el viento.

Con furia se duerme y en sus sueños insulta a los gigantes
No se aleja ni se acerca, no le intimidan las sombras.
Vuela entre ellas, las reta. Se desvanece.

Solo le mira a los ojos, no sonríe. Es tiempo, ya no hay prisa. Se agotaron las razones, escasean las risas. Tocó su cara y era fría. Frotó sus manos, se transformó en cenizas.
Se lo lleva el viento.

5501974_052_del_jardin_de_las_cenizas_II._2006

Imagen “… del Jardín de Cenizas II” por Fernando Guardo, Argentina.