Quijotesco.

Cuentos de dragones y tigres
que devoran sus ganas de ser
de verse y saberse
de esconderse, tan solo a veces.
 
Por eso le esperé.
Como quien aguarda paciente
la siguiente ola y su corriente
con mis manos sucias
y mi voz vacía,
pero llena de cordiales atuendos
recibiéndole
mientras mutilaba mis recuerdos,
sus salvajes sueños.
 
Viento. Es solo viento.
O eso creí la última vez
cuando rozó mi voluntad
la sal y su ardor
la paz y el dolor.
Bendito seas dolor.
Maldito yo.
 
                                                                    Tal vez fue honesto.
 
                   Quizás yo no.
 
                                                                                                                             Estoy bien.
 
        La última vez.
 
               Lo sé.
 
                                                                                                                                   Construyo.
 
                                                       Mi propio dios.
 
                                                                                                                 Murmullo.
 
                           Es un adiós.
                                                                                                                      Lo habitual.
 
La duda.
 
                                              Cuestionar.
 
                Mi lluvia.
 
                                                                                            Impersonal.
 
                                Hay culpa.
 
                                                                                                                                  La fe.
 
Insulsa.
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Photo by Laura Makabresku (2016).

Lacrimosa

Dos sujetos de mediana edad, sentados uno frente al otro en un par de sillas viejas de madera. Las sobras de una compra mal hecha. Se miraban y no se decían nada. Habían estado evitando el encuentro. Uno de ellos habló.
 
– ¿Y las palabras?
– Nunca he entendido de razones.
– ¿Me aborreces?
– Amo tus mentiras, nada más.
– Son crueles, lo sé.
– ¿Lo sabes? Y no te duelen.
– Hay muchos escenarios. En realidad son tres. A veces más.
– Sí sobre todo hoy; ya casi es domingo.
– Fue un domingo tu primer crisis, ¿verdad?
– A las cinco. Duró una hora. Desde ese día, todo fue distinto.
– ¿Estás limpio?
– Para nada. Son diez meses de sobriedad. Pero eso no significa que no le extrañe.
Lo sé.
– Fui inocente.
– Tal vez.
– La última vez.
– Sí, me viste feliz. Lo sensiste en los labios.
– En cada beso. En tu humedad.
– Sabía que sería nuestra última noche. Lo sabía tan bien.
– ¿Y por eso fuiste feliz?
– Sí, fui feliz de tenerte. Y porque así te quería recordar, aunque llorara al tenerte de frente en la estación de San Miguel.
– ¿Lo entiendes?
– Nunca lo haré.
– Me iré.
– Lo sé.
– ¿Vos?
– También, que de correr entiendo bien. Huye, que yo también huiré.
– Tengo sueño.
– Perdóname.
– ¿Aunque no te crea?
– Déjame ser.
– Abrázame.
– Es la última vez.
– ¿Un domingo?
– Día de lágrimas.
– ¿Estás limpio?
– Pronto lo estaré.
 
La mañana era turbia, pero el aire la cambió. No estaban allí los dos sujetos, solo uno de ellos, sentado en la misma posición. En frente, sostenía un gran espejo.
dig

“Quizás hoy sí”. Autoría Propia.

Hegira

Voy a arriesgarlo todo
tal cual lo hice ya alguna vez
dejaré los consejos de sensatos
dejaré mi silla y mis retratos
que a final de cuentas
no soy yo si estoy aquí.
 
Voy a tomar la barca e irme lejos
quizás logre entender menos
y cansar más mis pies
quizás solo logre vender mis egos
pero sabré lo que es crecer.
 
Por eso empaco ligero
una maleta y mil recuerdos
vendo mi guitarra y vendo mi tiempo
para con unos cincos más alzar el vuelo
e irme a la tierra de aquellos
a la de otros, como nosotros
donde tenga sentido empezar de cero
donde los rostros no castiguen
ni persiga la maldita estupidez
allí donde no te llore tanto
ahí donde la sal es parte del encanto.
 
No merezco morirme lento
si la vida han de quitarme
será de golpe y sin remedio
nunca temí no ser eterno
no respirando, pero germinando
porque sé que esto no ha sido en vano.
 
Y cuesta luchar y levantarse
cuesta ver la luz a instantes
sentir el abrazo fulminante
porque ya no quiero enojarme
no quiero mis venas arrancarme
quiero salir y no regresar nunca
quiero partir sin ataduras.
 
Por eso me voy
por eso me fui
por eso es que no puedo seguir aquí
perdóname si te ofendí
si fue un error o un desliz
no fue mi intención hacer sufrir
pero mi alma no pertenece aquí.
sdr

“Hacia vos, hacía mí. En el medio me perdí”.  Autoría propia. 

Preludio de Diciembre

El viento de hace seis años
el mismo revoloteo
pero más sereno
más prudente
para guiar dirigente
hacia un cambio consciente
a mudar de hojas en pleno septiembre
y tomar las maletas y ser valiente
marcharse a ser profeta
en tierra de extraños
tal y como alguna vez soñó.
 
Darse cuenta del daño
le tomó varios años
todo llega a su tiempo
le contó el reloj
saboteó sus risas y sus lágrimas
para no ceder a las ánimas
los vestigios del amor.
 
Y si el olor no muere
si sigue impregnado
el roce en su vientre
se muerde los labios
para no sentirse extraño
se mira sus manos
vacías de tacto.
 
Regocíjase en la lluvia
plantando la semilla
se ha agotado la angustia
aunque por las mañanas
el duelo surja
se ha hecho
colector de memorias
las usa como almohada
dulce alcoba
donde recluye
la sal de su rabia
huésped secreto
de muchas hazañas.
 
Se acercan los vientos
alisios, rodeos
se acerca diciembre
y ya no estará aquí
se le escapa el agosto
sin saber escribir
la verdad en sus ojos
la razón de vivir
perfumes sonoros
dejan la huella,
dejan la herida abierta
se cambia tanto
cuando no se logra dormir.
 
Percibe alegría
fuerza y osadía
perciban en él
valentía
aunque sus piernas tiemblen
y su boca se seque
gritan sus rodillas
cambia la luna
y cambia el día
por eso que cambien sus pasos
no es una manía.
 
Aunque marche despacio
distraído
refugiado
aunque sepa
que el conocerle
fue cuestión de suerte
y que decir adiós
es cuestión de impávidos
aunque de respuestas carezca
la verdad a veces
hace más daño
por eso eso le esconde
en los peldaños
colgada, asesina
se burla quedita
catedral de salidas.
dig

“I thought you were the moon… You were just a temporary light”. Autoría Propia. 

Mi despedida.

Sonetos en fuga nació hace siete años, un agosto del 2009, como un punto de escape entre muchos pensamientos que ya perturbaban hacía años, pero que por alguna razón se habían vuelto más fuertes en ese entonces. De pronto se convirtió en mi rinconcito, donde podía decir todo lo que en el mundo real no podía; hasta me sentía poeta en mi misma ilusión. Recuerdo “El salmo del irreverente”, el primer escrito que publiqué, donde según yo me sentía el gran crítico. Mucho de esos primeros escritos que nadie leyó por acá porque no tenía “seguidores”, decían mucho de mi frustración y mi rabia; de todas esas máscaras que uno suele usar. Pero bueno, pocos o nadie los leyeron. Así como pocos serán los que lean esto. Presiento que será uno de esos textos largos y cansones de algún aficionado que busca en la escritura un psicólogo ad honorem.
 
Usé Sonetos para muchas cosas. Mentí mucho. Me apropié de sentimientos, de historias, de pensamientos que no eran necesariamente míos, todo en mi urgencia de sentir, de sentirme. Lo usaba como plataforma para tirar indirectas; a otros y a mí mismo. Para decir todo aquello que en persona no pudiera por la cobardía latente que me enmudecía. Incluso muchas veces para herir lo usé. ¡Oh inmaduro que fui! Y no es que ahorita sea muy cuerdo y consciente, no. Pero al menos he intentado enmendar mis errores, corregir casi tres décadas de actos de los que no me enorgullezco, pero que tampoco me arrepiento rotundamente, porque puta, me han enseñado. Pero sé que con ellos he hecho daño, sobre todo a mí mismo y quizás deba perdonármelos; y a todos nos llega su tiempo, el mío pues, ha caducado.
 
Sonetos fue mi colchón de autoayuda, como su frase lo dice “palabras de escape en versos en fuga”; eso ha sido Sonetos, mi plataforma para huir. Y el arte es tan hermoso, tan bello y poderoso que no merece ser manchado así. Usado como arma de guerra, eso jamás. Mucho menos como farsa para alzar el ego. Blasfemé contra mí mismo al hacerlo y hoy pago su precio. Sonetos me trajo a personas maravillosas; a situaciones maravillosas. Pero como todo en esta vida, hoy le toca morir, aunque sea por un rato.
 
Estas últimas semanas, han sido semanas duras en el sentido personal. Dicen por ahí que “cuidado con lo que deseas porque podrías alcanzarlo”. Nunca pensé que fuera tan cierto. Hace mucho yo anhelaba conocer un lugar que para mí era mágico. Le impregnaba en mi mente de un misticismo superior al que ya por sí solo ese lugar tenía; románticamente creía que sería el lugar donde encontraría un tesoro preciado, respuestas, sabiduría. Y resulta que cuando por fin llego a ese lugar, me encuentro allí, en medio de la multitud y el concreto, los olores y el ruido. Ahí de pie, como quien lleva un siglo esperando, estaba yo. Mirando atento, desconfiado, esperando que yo me viese, pero con cautela de no ser rechazado. Y pues sí, eso que tanto quería encontrar en ese lugar, era a mí mismo y lo hice. Pero nadie dijo que sería fácil.
 
Después de mucha mierda que no viene al caso, terminé trayéndome conmigo, aceptándome, acogiéndome y enmendando el pasado. Perdoné, lloré, pedí perdón y enterré esa parte mía que me abrumaba, me abatía y me causaba mucha rabia. Mucho de eso que enterré es lo que alimentaba a Sonetos, por eso inevitablemente puedo hablar sino de una despedida.
 
Han sido semanas duras dije, pero en realidad han sido años pesados y pues bueno, en algún momento todo se termina derrumbando. La parte más dura de un final es comenzar de nuevo. Por eso decidí sincerarme y escribir esto, a pesar de que estuve evitando por días tomar la pluma, para no ensuciar más el lienzo. No quiero tampoco ser melodramático, aunque sé que es parte de todo ese gozo de la vida, ¿quién no ha disfrutado de un poco de coraje al dar un beso? El drama no es tan malo después de todo. Sin embargo, no quería dejar este espacio libre al viento, como una ausencia insípida de algo que se desvanece y se vuelve polvo. No. Aunque sepa que nadie lea esto, es una especie de carta para mí, un contrato para entender y asimilar todo esto que está pasando; incluso un ejercicio más para mi aceptación propia.
 
Sonetos estuvo cargado de inspiraciones que aludían a la vida de otras personas y por supuesto, del impacto que tuviesen en mí. Mis padres estuvieron presentes. Más en todo aquello que escribí y nunca publiqué, pero si que estuvieron presentes en mis versos. Dejar morir y dejar ir mucho de lo que fui, me permitió acercarme a ellos, llorar, abrazarnos, perdonar y acercarnos. Dejar de ser tan disfuncionales y hacer la fuerza para crear familia por primera vez. Dicen que nunca es demasiado tarde.
 
Escribí de mis amigos y de mis amantes. Alardee de nuestras relaciones suicidas, de nuestras aventuras a ciegas y de nuestros sueños truncados. Me sentí parte de algo con ellos, ya fuese de los tragos, de las noches locas, el buen sexo o los cigarros. Cada cosa que me hizo ser quien soy y quien era, es valioso y se encuentra en estas letras. Si no estuviesen aquí, es porque para mí no valían la pena. Escribí de mis mosqueteros, de los insanos, de los pirnos. De los errados como yo, de los inadaptados sin frustración. Fui muy libre en Sonetos, aunque siguiese aprisionado.
 
También escribí de un extraño. De un extraño que se convirtió muy rápido en parte importante de esta historia, de mi historia; y por quien además de un eterno agradecimiento y admiración, hoy le tengo un gran aprecio. Yo pensaba que era invisible y creía que eso me gustaba. Cuando te das cuenta que quizás no lo sos, que te observan y a pesar de eso, se acercan a vos, puede desatar fuertes detonantes. Sin querer responsabilizarlo por eso y ni mucho menos, centralizarlo como parte de mis cambios, le dejé entrar a espacios donde nunca nadie ha entrado, a mirar aquellas partes de mí donde la luz no había tocado. Sin esos empujones que nos dan las personas de gran valor, muchas cosas no habrían pasado. Un abrazo de mi padre que me ha dejado sin aliento y me ha inundado en lágrimas por ejemplo. Por eso y más, gracias, por siempre gracias.
 
Hoy que me siento un poco más liviano, más libre y más humano, decidí venir de nuevo a mi rinconcito y mirarlo. Observarlo bien y ver todo lo que aquí he guardado. Cada escrito a pesar de todo, tiene gran valor para mí. Cada foto cuidadosamente seleccionada, son detalles, son señales que intentaba gritar al mundo para decirles: “mírenme, aquí estoy y yo también siento, pienso, creo, sufro, gozo, lloro, río, gano y pierdo”. Debo pedir perdón por mis letras malintencionadas, por mis escritos creados para manipular, porque sí, en Sonetos hubo de todos los sentimientos, hasta de esos que no se deberían sacar para ensuciar el arte; aunque esto estuviera muy lejos de llamarse arte.
 
Por estas y otras razones que no vale la pena mencionar para no hacer más largo el cuento; es que decido alejarme de Sonetos. Abandonarlo por un tiempo, cubriéndolo con sábanas blancas y dejándolo en el ático del recuerdo. Volver a él, solo cuando lo dicte el tiempo y me diga: podés volver a plasmar esto, porque es realmente lo que querés, lo que sentís y lo que debés. Mientras tanto, preferiré escribir en otras instancias, en mí por ejemplo. Me alejaré de Sonetos y volveré cuando toda la turbulencia haya pasado y pueda ser totalmente honesto. Sé que no me extrañarán, pero de nuevo, es parte de mi propia redención.
 
Me despido con el último escrito que hice siendo quien era. Frente a una tumba sin nombre en un cementerio en San José. Perdonándome. Es un escrito gris, como muchos de los que aquí plasmé, pero liberó en mí más color del que podría retener. Por eso lo dejo y me retiro, que se quemen con él todo eso que no es bueno que nos acompañe cuando decidimos renacer, evolucionar y crecer. Adiós Sonetos, aunque me duela y me cueste, adiós hasta un nuevo inicio.
 
Funeral
 
Hoy me entierro
profano mi tumba anticipada
en una fosa sin nombre;
quemo aquello que no me deja ser,
admito que debía morir
para poder renacer.
 
Y aunque duele verse yacer
allí
sin respirar, inerte
hay que aprender a soltar,
a soltarse.
 
Cada quien lleva el duelo
como mejor le pese.
Ha sido una noche dura
donde la soledad ya no ha sido
buena compañía
por vez primera
la he despreciado,
me dan náuseas su presencia
me enferma la mente y el alma,
pero no puedo dejar que eso me detenga
porque por elegir la vida
es que cedí a la muerte,
porque sé que merezco
empezar de nuevo.
 
He pedido perdón,
he hablado,
he dicho,
he llorado,
pero a pesar de todo eso
que mancha y ensucia,
me he encontrado.
 
Allí
en la multitud
donde la gente espera.
Allí
yazco
vestido con sedas
entre tanta mierda que cargo.
Allí
quedo
en medio de las llamas,
del odio que desaparece.
Allí
en medio de las llamas
cierro mi tumba.
Renazco.
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Gracias a la persona que tomó esta foto que hoy decora el escrito. Por plasmar en ella no solo esa despedida, sino también lo valiosa que se torna la compañía. 

Y fue un lunes

Caminé bajo la lluvia
sin percatarme de
las gotas que cubrían
mi cabeza fría
y mi dorso desnudo
sin dirección alguna
más que tu canción
y nuestras memorias
de los días en que
las noches no eran solas
y las luces que cubrían
eran de tu sonrisa
pero ahora solo
hay desolación
y sigo mi camino absurdo
sin pensar en rumbos
porque la ironía
hizo que me fuera
con la osadía
de creerte eterno
cuando no era así
y ahora que me descubro
y me siento vacío
tengo las manos sucias
y los pies rendidos
ante este dolor
que da el no saberte mío
y me trae al hastío
daría lo que fuera por tocar tu piel
porque las madrugadas
fueran de papel
y mis ojos durmieran sin saber
que necesitan verte otra vez
pero cómo decirte
“perdóname”
si en otros brazos yo me refugié
pero tus besos jamás olvidé
pues solo contigo me arriesgué
y mi verdad dejé ver
Te lloro y te lloré
te imploro, perdóname
te marchas y yo me iré
esperando que con los años
tú también puedas saber
que solo a ti mi amigo
solo a ti te amé.
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“Farewell in the rain” por Steve Hanks. 1949.

Para MJ.

Te vi venir

Hoy te vi venir
te paseaste por aquí
con tu falda azul con gris
ondulaste en silencio
sin ningún augurio o intento
solo te paseaste sin recuerdos
como gaviota blanca
en su último vuelo.

No te culpo
no hay reproches
entiendo tu cansancio y tu desvelo
soy autor de tu desprecio
sé que me olvidarás
cuando no me tomes tan en serio
y la vida siga siendo
un cúmulo de estruendos
que te sacudan y arrebatan
todos mis momentos.

Yo te vi venir
no dije nada
te vi salir de frente
anonadada
sin saber de cielos rotos
o lluvias secas
consciente de los demonios
y siluetas
comenzando de nuevo
donde antes
no había nada.

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Painting by Christian Schloe

 

Desperado, 1957.

No tengo por qué huirle a los demonios, si sé bien que he sido el propio diablo, refulgente entre sombras, destacando un cuerpo sin rostro y una mano que toma lo que no da.

Me he levantado en llanto, en medio de la noche, haciendo llover en mi propia tumba sublevada y sucia, donde se guarda un cuerpo resiliente, mutando de a poquitos su intromisión al mundo de los ruidos y las voces, del olor a canela en la esquina de Barrio Aranjuez, de callos en las manos de una madre soslayada de su propia vida al servicio de los demás, al mundo que teme a los credos y se enorgullece en los espejos.

Puede que lean esta nota, recluida entre casquillos de bala que no son míos, entre heces en el suelo y grietas en las puertas, resignada a ser portadora de palabras cuyo color no existe, así como tampoco existe ahora la consciencia de lo que nunca fui y jamás seré.

Opaqué la esencia de mis actos, guiado por una astucia absurda que creí tener. El capitán del mundo o el profeta en lenguas; la virtud de los oprimidos sacando cuentas de su alivio, sintiéndome la antítesis de un héroe afligido por sus logros, una historia inconclusa que se inventarían en los diarios. No, tan solo fui mi mal en carne propia, la rosa negra en un jardín de girasoles, un fantasma que sin necesidad de morir ya asustaba por las noches; fui tan solo un cuento para no dormir.

Háblenle, escríbanle a ella, despídanme de él. Que se cuente en las aceras, que yo también amé.

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“A Naked Man” por William Etty.

La Despedida

Cautelosa y en silencio
Cerró aquella puerta sin miedo
Supo de su tiempo y mi duelo
Bailó desnuda nuestros besos
Y se marchó como se marcha el viento
Huyendo de los días y su sereno
Con su vestido azul y zapatos viejos
Mi historia colgando en su cuello
Tantos secretos en la piel
Sin pensarlo dos veces solo se fue.

Y aquella mañana llovía
Como llora una viuda despavorida
Cubrí mis fantasmas con sábanas frías
Y desdibujé su rostro de mi sonrisa
Extinguida iba, otra tonta despedida
Mis manos vacías
Su sombra aún estaba tibia
Seguía atada de mi cama, en la orilla
Y su aroma aún dolía.

Fábula siniestra parecía
Tanto exceso de armonía
Entre su ombligo y su nariz
En sus caderas sabor a anís
Abofeteó mis dudas en su fino escape
Lanzó las balas y los mecates
Dejándome a las armas con su arte
Se emborrachó con cordialidades muertas
En un discurso hecho de verdades tuertas
Ella se fue sin saber que más hacer.

Y aquella mañana llovía
Como llora una viuda despavorida
Cubrí mis fantasmas con sábanas frías
Y desdibujé su rostro de mi sonrisa
Extinguida iba, otra tonta despedida
Mis manos vacías
Su sombra aún estaba tibia
Seguía atada de mi cama, en la orilla
Y su aroma aún dolía.

Aún dolía, aquella maldita despedida
Ausente y deprimida
Con sus demonios se marchó
Dejando en su espacio la osadía
De este cuerpo que con el suyo conquistó.

Aún llovía, aquella mañana fría
Y otra tonta despedida, extinguida iba
Su aroma cuanto me dolía.

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Pintura por el artista surrealista, Gerardo Chávez.