Quijotesco.

Cuentos de dragones y tigres
que devoran sus ganas de ser
de verse y saberse
de esconderse, tan solo a veces.
 
Por eso le esperé.
Como quien aguarda paciente
la siguiente ola y su corriente
con mis manos sucias
y mi voz vacía,
pero llena de cordiales atuendos
recibiéndole
mientras mutilaba mis recuerdos,
sus salvajes sueños.
 
Viento. Es solo viento.
O eso creí la última vez
cuando rozó mi voluntad
la sal y su ardor
la paz y el dolor.
Bendito seas dolor.
Maldito yo.
 
                                                                    Tal vez fue honesto.
 
                   Quizás yo no.
 
                                                                                                                             Estoy bien.
 
        La última vez.
 
               Lo sé.
 
                                                                                                                                   Construyo.
 
                                                       Mi propio dios.
 
                                                                                                                 Murmullo.
 
                           Es un adiós.
                                                                                                                      Lo habitual.
 
La duda.
 
                                              Cuestionar.
 
                Mi lluvia.
 
                                                                                            Impersonal.
 
                                Hay culpa.
 
                                                                                                                                  La fe.
 
Insulsa.
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Photo by Laura Makabresku (2016).

Hegira

Voy a arriesgarlo todo
tal cual lo hice ya alguna vez
dejaré los consejos de sensatos
dejaré mi silla y mis retratos
que a final de cuentas
no soy yo si estoy aquí.
 
Voy a tomar la barca e irme lejos
quizás logre entender menos
y cansar más mis pies
quizás solo logre vender mis egos
pero sabré lo que es crecer.
 
Por eso empaco ligero
una maleta y mil recuerdos
vendo mi guitarra y vendo mi tiempo
para con unos cincos más alzar el vuelo
e irme a la tierra de aquellos
a la de otros, como nosotros
donde tenga sentido empezar de cero
donde los rostros no castiguen
ni persiga la maldita estupidez
allí donde no te llore tanto
ahí donde la sal es parte del encanto.
 
No merezco morirme lento
si la vida han de quitarme
será de golpe y sin remedio
nunca temí no ser eterno
no respirando, pero germinando
porque sé que esto no ha sido en vano.
 
Y cuesta luchar y levantarse
cuesta ver la luz a instantes
sentir el abrazo fulminante
porque ya no quiero enojarme
no quiero mis venas arrancarme
quiero salir y no regresar nunca
quiero partir sin ataduras.
 
Por eso me voy
por eso me fui
por eso es que no puedo seguir aquí
perdóname si te ofendí
si fue un error o un desliz
no fue mi intención hacer sufrir
pero mi alma no pertenece aquí.
sdr

“Hacia vos, hacía mí. En el medio me perdí”.  Autoría propia. 

Volver a comenzar: Un soneto de olvidos

Se adelantó el tiempo y un año ha transcurrido desde aquel momento. Sujetó los cordones de sus botas, preparado para enfrentarse al mundo, equipado tan solo con un suspiro gastado y un montón de pensamientos despeinados; era momento de volver a comenzar. No entendía muy bien aún las noches, mucho menos aquellas de brindis y abrazos de ocasión; esas donde algunos seres son queridos solo por obligación.

La euforia le parecía la burla cruel de un ciclo sin sentido, donde la repetición era un mandatorio indiscutible y el desconsuelo tomaba de nuevo su lugar, un lunes a las ocho. Pero antes, mucho antes de que todo eso le agobiase, quiso salir y respirar eso que tantos llamaban un comienzo nuevo, aun cuando la constancia sea imperante y las mentiras propias se disfracen de buenas intenciones. Lo que ayer adornaba el parque en alusión a la armonía, hoy es basura hueca e irrecuperable; incluso las personas se habían vuelto desechables.

Decidió entonces dar vuelta a las miradas, transitar el mundo con fe de erratas y saber que nada llegaría por el milagro de la cordura, que seguir ausente no era tan sano a veces, aunque algunas noches se vuelva necesario. Siguió caminando y siguió mirando. Siguió observando como el viento estaba indeciso de su curso por lo que no se sintió tan único. Lanzó monedas a los mendigos, ellos seguían siempre en el mismo sitio, incluso aquel que una vez fue su amigo, un guerrero de batallas perdidas que soñaba siempre con el saxofón y un blues enardecido; le miró como anunciándole que aún no todo estaba perdido. Irónico o no, fue el más sincero de sus alivios.

Le extrañaba mucho la vida, tal y como la veía. Le parecían tan absurdas las mentiras, pero aun así las vestía como ecos que halagaban el éxito en ojos de terceros, como una fábula de Esopo sin ética ni moraleja, solo con el único designio de ser otra farsa escueta. Sentóse entonces en la misma banca, con las mismas manos y las mismas piernas, con su frente baja y una historia a cuestas, dióse cuenta de que el tiempo pasa y los sentidos se quedan, que el olvido a veces es solo un arma que apuñala la propia espalda. Sacó de su bolsillo una hoja, manchada y arrugada por la lucha de las palabras allí plasmadas; una oda a la inexactitud, al exilio de lo representativo, al enojo de lo pasivo. Un soneto claro y confundido, el suicidio ordinario a lo común, el antídoto de sus castigos.

Un feliz año nuevo en mi piano sin usar
dar final a mis teorías
para decidir cuándo partiría
encontrar una excusa para volver a comenzar. 
 
Redimir ideas locas como río que llega al mar
sin falacias ni fantasías
el don de hallar mi propia melodía
aprendiendo otra vez a caminar. 
 
Encontrar permanencia en lo ocasional
el lugar donde no hay vacíos
y toca la orquesta de mi olvido. 
 
Escuchar renunciar a lo moral
la paz de un silencio sin hastío
el adagio de un adiós concedido.

 

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Este es un relato hermano de «Adagio: El adiós concedido» publicado el 31 de diciembre del 2014, en el espacio Salto al Reverso.