Yo también veo elefantes en el cielo

Hay rasguños en mis piernas de tanto salto que ando dando,
hay madrigueras en mis orejas donde vive un zorro colorado
traído desde el sur, desde la pampa de lo cotidiano
y aunque todos lo decían, el mundo no le había domesticado.

A veces paseo por los parques viendo a las gentes
su ruido, su humor, las lágrimas escondidas, su arte.
A veces les pienso sin hablarles, no vaya a ser que me contagien.

Se paró el sol un día a observarme, me habló de su angustia y disparates,
me contó de cómo en su cielo se pasean elefantes
le asusta cuando le nublan tanto rayo dedicado a iluminar y deslumbrar
a darle luz al ciego y voz al sordo, todo sea por robarle a las golondrinas su asombro.

Es que entonces recordé aquellos días nublados,
la tristeza también ilusiona cuando se torna momentánea,
recordé haber visto elefantes grises escondiéndose en las montañas.
Siempre hay claridad que se cuela entre las ramas, vuelven los días verdes y a la tierra morada
anuncian que a veces la calma es aparente y que la lluvia no moja todas las ventanas
que así como los elefantes mis sombras matan con su majestuosa labia
la felicidad no es permanente, construirla cada día que pasa es quizás la mayor de mis proezas.

Las hojas muertas - 1956 - 74 x 60 cm.

“Las Hojas Muertas” por Remedios Varo, 1956.

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