El susurro de un extraño

Y entonces la mujer preguntó al extraño, ‘¿qué harías de mí?’; a lo que él sigilosamente respondió con un largo susurro en su oído…

Una vez a solas, recogería tu cabello con sutileza para dejar el cuello soberano. Besaría suavemente cada trozo de piel como si pudiese darme sorbos de tu vida a través de ellos. Me devolvería a tu rostro a verte los ojos bien de cerca, a compartir el aire con la boca abierta para acercarte suavemente.

Tus pechos en mi torso desnudo, servirían de antesala para un roce de desesperación, donde mi lengua cave cada esquina de tu vocación. Bajaría despacio, utilizando mis labios como anclas por tu cuerpo. Aferraría mi boca a tus senos como si de eso dependiera mi vida entera. Mis manos rodearían tus caderas como cadenas de un día, con mis dedos en tu espalda con mis yemas recorriendo ese campo de batalla. Las dejaría caer en peso libre, para que se sujeten de nuevo a tus temblorosas piernas de cristal; mi lengua se encargaría de abrir el telón de tu sexo, mojando cada esquina con un turbulento movimiento, que te haga olvidar que la muerte existe, haciéndote sentir lo más viva posible.

Todo mi rostro incrustado entre tus piernas, como un Rousseau buscando la razón a ciegas, dejándose guiar por el tacto innato de un cuerpo celeste, respiraría dentro de ti. Me levantaría solo para verte el rostro de nuevo y que me des tu aire, ese que a mi en lo absoluto me faltaría, no sin antes sujetar mis manos y mi ser contra el tuyo en una especie de mancuerna maldita, donde ambas almas fuesen un solo peso en carne anclada. Sin usar las manos y con un movimiento intencionado, insertaría mi miembro en tus entrañas, para bailarte desde adentro en la más salvaje de las litúrgicas hazañas.

Te sujetaría contra la pared, mientras tus piernas se aferran a mis nalgas, tu cabello recorriendo mis consciencia y mi alma. Te besaría como si ya no me quedara más vida e intentara robar la tuya, nos tumbaría en la cama para ser uno con las sábanas, hasta sentirte como agua que recorre mis partes más humanas, oírte gritarme al oído las verdades más ingratas, mientras gimes de placer con las uñas en mi espalda. Te bañaría con mi esencia más brutal todas tus mañas, cediéndote un poco de mí, para desaparecer luego, despacito por la mañana.

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Frida Kahlo fotografiada por Julien Levy. 

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