El Tiempo

Hace mucho tiempo que nací,
hace mucho y aún recuerdo cuando me perdí.
Se llega un tanto fácil,
lo difícil es partir,
el dolor está presente en ambos trotes,
el tiempo corre,
una y otra vez depositando su ego en los hombres de gris.

Cuando era niño no me preocupaba mucho el tiempo,
era solo una ecuación sin resolver.
Sabía muy bien las horas,
cuando de mis viajes surreales debía volver,
logré saber muy bien los segundos que una gota
tardaba en mi ventana recorrer.
El tiempo vale tan poco cuando se está solo,
que no hay deseo por retroceder.

Cuando el plan comienza
el tiempo cambia y un polígono se vuelve.
Se cierra y se perturba ante el encasillamiento.
Se encuentra a sí mismo en ángulos de cuarenta y cinco
y a veces noventa.
Se revienta de la rabia de saberse tan escaso y desatento,
que se venga sobre quienes le encerramos
haciéndonos sentir miserables ante su tiempo,
el tiempo del tiempo.
¿Qué hora es? Preguntó Alicia.
Nadie se abstiene a buscarle y desearle,
nunca es suficiente aunque nos encante desperdiciarle.
Y es que es bueno botar el tiempo,
tirarle por las escaleras de una carcajada,
o por los rincones de una cogida fugaz.
Por eso a veces tiro almanaques
y tiro los años que se borran con él.
Ya no cuento los cumpleaños,
cuento mejor los ratos que gasté sin él.

Pero no por eso me hago el muy valiente,
que buen temor le he de tener.
Temor de que no me alcance para lograr ser.
Ya no me interesa el hacer,
mucho menos el tener,
pero puta que cuesta tanto tiempo lograr ser.
Y hasta en eso te me cuelas vejestorio de mil mierdas,
hasta en eso estas presente,
siendo pasado y futuro a la vez.
El tiempo que pasé con mi madre,
los abrazos que no le di a mi padre.
Siempre fuiste secuaz vidente y mortificador.
Siempre quisiste que te tuviese en mente,
aún cuando tus manecillas se detuviesen por culpa del amor.
Pues sí, a fin de cuentas ese era el único antídoto
para guardar momentos eternos, sin tiempo.
Las épocas se convierten en carruseles que dan vueltas,
el subirse en ellas es traer de vuelta la nostalgia y la esencia
de lo que se fue pero siempre queda,
de eso que se hace inmune al tránsito de lo ocasional;
antologías de amor.
Cambia todo cambia
y el tiempo en ello tiene trampa,
mas no pretendo ceder mi alma
a la metamorfosis de un suicidio entusiasta.
Aún no es tiempo dijo el reloj.

Y aunque sigas perturbando mi existencia,
llenando las casillas de un planificador;
aunque sigas remplazando mi consciencia
y me conviertas en un ciego soñador,
sabré que al final saldaremos cuentas,
porque a todos nos llega el momento
en que nos vale mierda el reloj.
Llegará ese día en que los segundos no se cuentan
y la luz ya no viaja tan veloz.
Habrá un momento en que no se es rápido ni lento,
solo se flota en resplandor.
Sabrás vos lo que es soltar las riendas,
que un prisionero sin memoria
no aprende la lección.

“Equation” by Hanz Zimmer & Camille. From “Le Petit Prince” Original Soundtrack.

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