Dios guarde nuestros pasos

Guarda mi lógica en la mente y no en la boca. Que la luz que ilumina este insípido cuerpo que cuelga, que observa desde mi pared, cerámica muerta que juzga y anhela una oración, no altere mi vigilia ni la eternidad en la que floto, porque sí, yo como los otros,  también floto.

No pretendo que la burla sea mi cómplice de ataque, bien es sabido que fuimos amigos, unidos por el miedo ese que caracteriza a los esclavos; atado estuve por tanto tiempo, crucificado. Ahora que miro de manera voluntaria, las cicatrices que su aroma dejó en mi espalda, alabo el yugo, alabo el falo, la angustia sin respuesta, un llanto desesperado.

No tengo mucho que decir, ni tanto que pensar. Una mañana que simule noche no será martirio, ni tampoco lo será el cansancio en mi cuello. De estos monólogos sin respuesta y los actos con pecado concebidos, admiro cada gota derramada en el cáliz de mis cuestionamientos, los titubeos del domingo y la sarna del valiente; la calma que ahora escucho en medio de su ruido, sucio me arrodillo muy lejos del rebaño.

"El árbol de la esperanza, manténte vivo", por Frida Kahlo, 1946.

“El árbol de la esperanza, manténte vivo”, por Frida Kahlo, 1946.

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