Nada que Probar

No tengo nada que probarles
ni a sus vidas y alabanzas, sus íconos desdibujados, la malformación de su palabra,
los disgustos. Tragedia sin disputas
el más aburrido de los finales
la tradición harta de la costumbre
de ver al bueno triunfante, conquistado en sus límites, distante de su propia ironía
farsante sin saberlo,
solo hizo lo que le dijeron.

Si se suponía gris o tal vez morado
¿Qué me importa a mi?
Si han disfrutado del sexo brioso y valiente. A veces bizarro
ensuciándose la moral y sus genitales
súbitos sucumben a la redención de sus pecados, se ignora el inicio de la historia.

¿Y qué si esta copa habla por mí? Dejé de ser dueño de mi propio gusto
un paladar sediento de vehemencia
extenuante, impúdico
deseoso de lamer la reverberación de su propia vida
la acústica que le escaseaba, para mantener su voz en sus adentros. Taxativo
volvióse el monólogo simultáneo. ¿Podría saber a lo que me refiero?
No.
Sin una intención dúctil,
no me interesa,
ni él, ni ella, ni lo que queda en uno mismo
sólo sé que el husmear en sus vidas
me halla lo que no se me ha perdido
si se supone que un adiós es definitivo, no sé que hago en sus oídos
resonante en los míos, me disuelvo, me extingo.

1-s480-c1916_v1-1Imagen “Selbstbildnis als Akt” por Egon Schiele.

 

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