Amnesia

Solía recordarlo todo. Solía recordarlo muy bien. Cada detalle dibujado en mis ojos, nada se escapaba al escrutinio. De repente, el dolor se adueña de cada espacio, de cada sitio escondido, volviendo a la fugacidad de las imágenes, todo un escaparate, una burla que no se necesita para poder seguir.

Tantas caras, tantos rostros y sus memorias se despidieron de mi aquella noche, mientras sentado en la banqueta abrazando a la niebla, se escurrían uno a uno entre los arbustos, perdiéndose en el bosque de mis venas, expulsados por los poros de mi enojo.

Ya nadie tocaba mi hombro, el silencio interrumpido por los grillos, me quedé atónito por segundos; a veces creo que tan solo fue el instante en que el calor abandonó mi cuerpo, me convertí en quien quería pagando el más alto de los precios.

Simulé gravedad para atarme al suelo, simulé sonrisas para conciliar el sueño y seguir por el sendero donde ya no se juega, ni se insulta, ni se habla, solo se esperan nuevos tiempos, donde se recuerde lo necesario; y si me mudo al norte que la nieve logre cubrirlo todo y que el frío no termine por congelar mi cuerpo, que a fin de cuentas es lo único que me queda en algún estado térmico.

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