La Relevancia

Él se preparaba, con las ansias usuales de un viernes por la noche. Todo estaba listo, el vino era tan fuerte que su olor se volvía prófugo en los corredores del edificio, quizás eso serviría para compensar el sabor de un lomo pasado de fuego. Los segundos en su reloj de pared se paseaban despacio, misteriosos, como evitando transcurrir. El sofá viejo donde hace algunos años habían hecho el amor serviría de anfitrión al reencuentro, quizás un poco más ebrios, un tanto menos ciegos, pero mucho más desgarrados.

El timbre sonó y con él, su corazón se quiso salir, sin saber distinguir entre emoción y temor, simplemente palpitó para darse autoconsciencia de que aún seguía vivo. Allí estaba, erguida, gris, en una espera tan repugnantemente diferente, recordatorio frívolo de lo que eran, un par de cordiales extraños, una convergencia casual sin mayor relevancia, al menos para una de las partes.

Ella entró besando su mejilla, él se preguntó si sus labios serían sensibles a un rostro a medio rasurar, a una piel enfebrecida por mera intranquilidad. Ella se sentó como quien se acostumbra a su viejo bureau, a su ciudad natal. Por supuesto, esa noche el silencio fue quien más habló. Él le acercó una copa de vino, tal cual fuese el antídoto del que dependiese su vida; ella lo aceptó, ciertamente, aún con los años recordaba lo mucho que le gustaba beber.

Ambos sabían que presenciaban un momento forzado, una historia que acabo en el preciso instante en que la significancia se extinguía en una asíntota remota e infinita. Ella sabía el por qué de la cita, él sabía que no existía razón más que la confirmación. La botella de vino se vació y la carne servida se enfrío. Solo se miraron para comprender lo distinto de sus balanzas: él tenía la vista opaca, estancada en un momento, maldita; ella estaba ida, ida en sus excentricidades modernas, sintiéndose ausente, pero exquisita.

Él tocó su rostro con vergüenza, ella lo dejó y le besó de vuelta. – No estamos solos y lo sabes. Le susurró ella tan cerca que él se tragó su aliento a licor, se tomaron de las manos y se dirigieron a la puerta. Las miradas ya habían dicho suficiente, se sabía de antemano que esa noche la balanza no estaba a su favor. Ella recogió su abrigo y quitó el cerrojo, él le acercó una servilleta gastada, carcomida por los años y se la entregó cerrándole el puño izquierdo y sin más apuro le dijo adiós. Volvió a su sofá mientras escuchaba sus tacones por el pasillo número dos, sin ningún preámbulo de consciencia, se durmió. Y en sus sueños la pudo ver, en su auto, en la avenida 9 de Julio con tránsito muerto por la hora, ella sola, llorando tal vez fingiendo, tal vez gestando el peso de las contrapartes. Leí en voz alta y para toda la ciudad dormida, las últimas letras de su carta:

“… porque siempre supe que todos nos damos diferentes importancias, siempre somos piezas distintas en tableros ajenos, a veces somos reyes, otras veces fui alfil y el día que vuelvas seré nulo, aún cuando me encuentre en la misma posición. También mudé, como tú también pedaleé, acostumbrado a ahogarme entre promedios, supe guardarte distinto y no soy quien para exigirte lo mismo”.

 La lluvia le despertó, de nuevo era lunes, miró por su ventana con pereza y por primera vez lamentó no tener resaca. Creía ver la ciudad aun dormida, pero solo veía las siluetas de su mirada aguada aún cuando la lluvia estuviese por fuera, él la sentía aún por dentro. Tomó su café, se preparó, esperando con ansias que volviese a ser viernes. En medio del ruido de los goterones que simulaban el redoble de tambores, se interrumpieron por dos golpes en su puerta. Quien estaba detrás pudo descifrar con ayuda del silencio el acontecimiento y sabía que respuestas no iba a encontrar. Encausada en su nueva nostalgia. Se marchó. Ese día, el sol se puso un poco más temprano.

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2 pensamientos en “La Relevancia

  1. “… porque siempre supe que todos nos damos diferentes importancias, siempre somos piezas distintas en tableros ajenos, a veces somos reyes, otras veces fui alfil y el día que vuelvas seré nulo, aún cuando me encuentre en la misma posición.”
    Maravilloso.

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