Sin el Santo Don Tomás

Un amen, un credo muerto
cerraste con los labios el sufrimiento
encausándote en la soledad de su fe
sufriste la comprensible catatonia por falta de un después.

Si el vértigo no era suficiente
su trabajo lo hacía la dicha divina
el consuelo mimado de las peticiones,
el discruso de los ladrones
la piedra que sangra, la lluvia que clama
y yo no me mojo ni la punta de los dedos
ni las dudas se me mojan
ya no se ahogan mis secretos.

Mientras vos seguís de rodillas
hincado ante tus decisiones
sin ceder ni renunciar a tus carnales pasiones
la ceguera es voluntaria, ya sea por necesidad
o por la miserable comodidad.

Forzándome estoy,
constantemente me recuerdo los sucesos
las voces susurradas, pero también los silencios
pesan mucho las calamidades y sobre todo pesa este cuerpo
la cruz que carga con sus contradicciones,
la voluntad marchita, que se rompe, aborreciendo a los traidores.

Ya no hay salmos ni reclamos
ya no entiendo el desengaño,
un reloj atascado a las 18:22, no oscurece
ya ni tus argumentos crecen.

Todo se cierra en los valles encantados
donde se mercadean los milagros
y vos te sentás de nuevo a mi lado
intentando recordar lo olvidado
escarbando el ático atípico de mis guerras
donde aún se esconde el Dios de los cristianos
y le hablo, le reclamo a gritos
sus pecados tan humanos.

2010022554xl_caravaggio_10_g

Imagen “La Duda de Santo Tomás” por Michelangelo Merisi da Caravaggio, 1601-02. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s