Luciérnaga

Ya no tiene caso estar triste
desalojé tus roces de mi mente
y me dejé llevar por los días que siguen,
deseando abolir las noches
para no llegar al espacio del desahucio
donde ya no existe el berceuse de tu mirada
y se atiborran ráfagas y derroches.
Até mis párpados para no llorar,
encaucé mi balsa hacia los sauces inmortales
y dejé tus restos en mi manía de no pensar,
en los bosques sin nombre,
en las llanuras donde te cedí flores.
Acepté la herencia de tu luz
esa que me guiará donde me cuida mi ángel negro
y te diré adiós por última vez,
triunfando sobre el egoísmo de retenerte
declarándome campeón de juegos inertes
alejándome involuntariamente,
negándome al desapego
admitiendo en mis desasosiegos
que soy mi peor castigo
y que en mis fábulas inéditas
seguirás siendo tu mi amigo.

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3 pensamientos en “Luciérnaga

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