El Día En Que Los Bigotes Vuelan

Parten los trenes sin un plan de regreso,
se van y solo heredan nostalgia en sinfonías sin dueño,
que se adiestran en las teclas de un piano viejo, anuncian desgracia, anuncian desvelo.

Se van los trenes y se cansan mis ojos,
cristalizan las imágenes de los pasajeros y se exhortan a sí mismos,
no existe el llanto solo el silencio.
Las calladas noches que lo acompañan y que no abandonan aún cuando despierte,
le siguen a todas horas, están donde está el viento.

Se marcharon,
ya no se distingue ni su forma, solo su aliento.
Humo seco, grisáceo, pañuelos manchados que expropiaron lamentos,
los bigotes sarpan y nadie detiene su vuelo,
las piernas se quedan atadas al suelo.
Corren, corren con más furia que con prisa,
descubriendo que la fuerza no es pasajera,
se ha quedado, mas es terca y se muestra solo ante la propia conveniencia.
No sabe de compasiones, no sabe que hace tiempo vive en corredores.

Piensa hombre, piensa.
Ve más allá de estos cuatro valles,
cruza mares, vence edades.
Deja que vuelen las inferencias que crecen bajo las narices de los años,
cultiva criterios y sé polizón de tus treguas,
no cobres honorarios.
Deja que el alma baile aún cuando no lo haga el cuerpo,
deja que los trenes se vayan y deja que se muera el tiempo.

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