Siete con Doce en 1999

Eran juegos de niños en plena pubertad,
donde el descubrimiento se hizo prohibido y se definió la moral,
se escondían en los pasillos ausentes
los mayores malgastaban su vida al trabajar,
ellos por el contrario desataban pasiones
eyectaban sus hormonas en el bulevar.

Salían al campo con sus sandalias y camisas blancas,
tan iguales y tan distintos por hermandad.
Escribieron sus nombres en las latas
y ni aún con los años sus cursilerías pudieron borrar,
sin que esto representara a vivo cuerpo
que no se había suscitado un final.

Él escribió canciones para los dos
que por mero oportunismo se las supieron robar;
enterró sus deseos de ser escritor
bajo los arbustos del parque de los muertos,
donde en los recesos muchas se dejaban embarazar,
en el kiosco de los silencios y ecos,
los gemidos de placer aullaban sin cesar.

Con besos y vellos se cerraron las memorias,
las preocupaciones absurdas por los kilos de más.
Las traiciones y el carácter suelto
cobraron su precio con creces e ingenuidad
y con peajes altos se lo solían recordar,
al darse por vencido en los roces de empates
Y haber regalado su identidad.

munch11

Imagen: “Pubertad” (1985) por Edvard Munch. 

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