Retratos en el Ático

Como el agua y el aceite traslapando diferencias
haciendo del hogar una guerra y del amor una tempestad,
encarcelando en anticipo, cicatrices que perdurarán,
mientras se reza por el divorcio a gritos
de quien da la lluvia y provee el pan.

Prometí no hablar de ello, cuando cumplí mis dieciséis
pero los tiempos no han cambiado y el cadáver revivió
Infectando perspectivas con su fétido olor.

Yo no culpo ni resiento, lo que hay es lo que fue
la ignorancia se graduó con honores
en Octubre cuando no había que comer
y la desesperación se alió a aquel niño de verde
en un columpio imaginario en sus fantasías de papel.

De canciones y de letras se alfombró el carácter
De evasiones y de grietas se llenó el corazón
No son excusas ni advertencias
es lo que hay, es lo que ocurrió.

Al ensordecerse los oídos, se esclareció la razón
el miedo disminuyó en tamaño, pero creció en traición
volviéndose el secuaz de trampas en su propio interior.

Crucifiqué mis manos por traicionar al silencio
y convocar a los muertos que yacían en la biblioteca de los necios
los que olvidaban por conveniencia y recordaban con mala intención.

Si hoy me siento frente a este retrato de familia
con la sonrisa convencional, no es porque prometa cambiar
agradezco no haber cercado mis libertades
el ajedrez y el domino que alimentaron mis bondades,
yo no culpo no resiento
es lo que hay, es lo que ocurrió.

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