De Letras Perdidas

Los violines de la noche llamando a la desolación
los sentimientos de culpa por no ser lo que se planeó
por salirse del patrón de aquel viejo sastre que por dentro a todos nos talló.

Ser el primero que se va no es fácil, pero no puedo seguir donde no soy
no puedo estar donde sé que que duele más
aunque mi mente no se calle por lo que aún no sabe
por lo que mi alma le oculta y mi corazón le huye
sin pretender que la sal de los mares penetren en mis heridas
y hagan arder los recuerdos y la sensación de exiliación
esa de la que soy víctima y victimario por propia voluntad
o mejor dicho por propia terquedad.

¿Por qué nos peleamos con nuestras decisiones?
Si son ellas las que al fin y al cabo terminan por entendernos,
por comprender que no importa el cómo, siempre dolerá
siempre infringiré mi propia ley para cumplir mi propia penitencia,
porque de mis castigos soy acreedor.

Se necesita más que un corazón roto y un alma marchita para aprender a escribir,
se necesita de esa visión desde adentro de la que tanto escaseamos los mortales,
pero que logramos en el fondo del mar; en ese mar de nuestros oscuros sueños,
de nuestros pecados encubiertos y de la vergüenza de mis desaciertos.

He permanecido por mucho tiempo en este lugar, más del que alguna vez debí,
pero no fue fácil decirte adiós.
Me senté en tu puerto a verte por última vez y a convencerme a mi mismo
que lo mejor para todos era el destierro,
quizás por la misma ley que se escribió cuando todo esto nació.

Cuando me di cuenta de que era demasiado tarde para retroceder,
pero que tampoco quería hacerlo.
Es el eterno dilema entre el confort de lo que duele,
del placer en lo que crea satisfacción,
en los logros maltratados y en los sacrificios que a diario firmo,
con la consciencia y sobriedad suficientes para convencerme a mi mismo de mi decisión aunque no sea la que más fácil de caminar, ni la menos solitaria, ni la más comprendida,
pero si la más querida, por convicción o por necesidad, por arrogancia o por destino,
quizás sea el pago de vida por lo que algún día me permitirás comprender.

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