A La Hora del Café

Pedí dos tazas de café para empezar, una para mi y otra para las horas que me iban a acompañar. Intentaba pensar y encontrar las fuerzas en lo que escribía, para poder demostrar que el tiempo no había pasado en vano y estrenar así el nombre que en las mentes quise tallar.

Que frustrante fue esa cita con mis pensamientos, descubrir su descanso en momentos de guerra, fue mi golpe bajo. Mucho me costó recuperar el aire tras los gritos fallidos, no es fácil saltar las cercas sin haber recorrido todo el camino, la vida es justa cuando descubre la trampa y no basta con escuchar a Lennon para lograr imaginar.

Iba ya por el octavo café, sin azúcar como siempre y más amargo cada vez, casi terminaba mi escrito, sin satisfacer siquiera los planes del inicio. Contaban historias sí y eran criticadas por los mediocres; sin embargo las palabras se derrumbaban con la brisa, presumiendo pleitecías a lo que es forzado, a lo que es impuesto.

Incluso la barba de los sabios irrumpieron en mis versos, despeinó las afirmaciones que carecían de fundamento. Aprendí sí, corrigiendo se forjan los buenos criterios, pero me negaba a ser secundario en terreno de primeros. Ya nada puedo hacer sino encerrarme en el mundo de refranes, reconocer que mudé mi piel de inútiles ropajes, cuando eran los sabios los que andaban desnudos, eran los campesinos los que cultivaban orgullo, era el erotismo el padre de los sentidos.

Pedí la cuenta a las 9 y16. Empeñe mis piernas a las ganas de correr. Descubrí que preferiría mil veces el té antes que el café, pero me faltaba convicción en mi elección, no se puede andar por la vida vendiendo versiones, la autenticidad es muy cara y solo se encuentra en lo virgen de los bosques, en el alma de un niño, en el corazón de los honestos luchadores. Ya es mi hora tengo que partir, la mesera me hace mala cara, por mi culpa su galán la ha tenido que esperar. No es fue mi intención hacerte tardar mujer de ojos brillantes y colochos gruesos, si algo puedes estar estar segura, es que nunca más ordenaré otra vez, un café negro para escribir mis versos.

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