Minuto de Silencio

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– ¿Por qué te callas tanto últimamente?

– Quizás porque no tenga nada que decir. Se me agotan los versos cuando la vida está en pausa.

 – Bien sabés que sos el único responsable de haber presionado ese botón, pero ¿quién te entiende? Antes te quejabas de vivir muy rápido y ahora de todo lo contrario.

 – Te equivocas majadero, no me estoy quejando. Estoy procesando este momento, que este quieto no significa que no me esté moviendo.

– ¿A qué te referís? Ya vas vos de nuevo con tus contradicciones raras. Deberías ser escritor, de esos a los que nadie entiende.

– Vos no aprendés ¿verdad? Mirá que compartimos los mismitos tropezones y seguís bailando con la más fea. A lo que me refiero es que no importa lo que esté viviendo, aún estando en pausa debo procesar lo que suceda, echarlo a mi saquito y aprender algo de ello. Yo siento que lo he hecho últimamente aunque, aquí entre nos, a veces pienso que cada vez me gusto menos. 

– Oh rarito que sos, pero ya sabés lo que pienso. Esta vida es así nos pasamos el tiempo entero intentando complacer a los demás y terminamos obstinados de nosotros mismos. 

– Ya sé! Juguemos a algo!

– Ya vas, ya vas!!!

– No no mae es en serio ponéme atención huevón!

– Dele a ver…

– Pretendamos que a partir de mañana yo soy vos y vos soy yo, ¿qué decís? Ambos nos conocemos bien, así que al final del día nos juntamos y nos decimos 3 cosas buenas y 3 cosas malas que descubrimos de ser como somos.

– Vos y tus loqueras. ¿Y eso cómo para qué? ¿No sería más fácil que las dijéramos ya ya?, de por sí ya las sabemos!

– Mmm no no no. Pierde gracia, además una cosa es verla pasar y otra vivir con ella. Tomá en este frasco metí mi personalidad en este otro meté la tuya y nos la tomamos con el poquillo de ron de imprudencia que sobró de año nuevo, digo pa’ ligar. – Diay ya que más da. A estas alturas yo creo que ninguno de los dos tiene nada que perder. Dale pues.

————-O————-

– Hey hey ¿para dónde vas? ¿No quedamos en que al final del día íbamos a conversar sobre nuestros sucesos del intercambio?

– Claro no se me ha olvidado, pero espérate que esto de ser vos me ha dejado un poco mareado, necesito tomarme algo dulce para quitarme este sabor a terquedad.

– Ya vas, ya vas!!! Mejor apuráte y dejá la payasada.

– Bueno ¿quién empieza?

– Empiezo yo por ser más puntual. Además fue tu idea así que ahora te toca esperar. 

– No me opongo en lo absoluto.

– Empezando el día fue vacilón, esa cosa de andar medio reflexivo me llamó la atención, solo que me aturdía de vez en cuando, pues te da por exagerar tal cual fuera Alicia con el gato que sonreía. Me concentraba tanto en mis propias fantasías que se me volvía tan difícil escuchar a los demás, hasta con lo más aburrido del trabajo me lograba dispersar. A la hora del almuerzo tenía la receta para cambiar al mundo, pero en eso llega Claudia para que le explique por qué la gansa se salió del corral y ya me agarró un calambre en la lengua que terminé contándole el chiste más malo de los de Pepito. Y que putas mi hermano! En lugar de retractarme y ver como recogía mi tiradero, me encerré en el baño a regañarme más, terminé más victimizado que las Marías de las telenovelas. Al final del día me voy encontrando con los carpinteros y yo feliz presumiéndoles de que ya hacía mesas por mi cuenta, pero cuando en la otra esquina me encontré con Marcos el arquitecto, me volví más cohibido que una yegua tuerta. ¿Y que hay de vos?

– Bueno yo al levantarme me llevé un gran susto, me vi una cara de amargado que seas tonto! Pero lo bueno es que ya despuecito me sentía bien fuerte y fornido y salí a la calle sintiéndome Juan Loría aquel que cantaba la de las Tres Virginias. Tenía la determinación para lograr lo que me propusiera y no me daba miedo nada, si hasta le robé un besillo a Gloria y me valió la cachetada. Lo extraño es que luego me encontré con un par de parientes y no les pude demostrar afecto, me puse más erguido que árbol necio y el orgullo me hirvió hasta los trescientos. Traté de olvidarme por eso por un momento y me fui a jugar con esos juguetes modernos que tenías en el cajón y me sentí el más sofisticado hasta que descubrí que por ellos había despreciado momentos sagrados. Cuando el sol empezó a esconderse me sentía cansado, no se puede ser tan tosco por fuera y por dentro tan blando. 

– Que curioso esa misma sensación me quedó a mi, pero al contrario. Lo único que noto es que ninguno de los dos pudimos sacar las 3 cosas que dijimos, fue más bien como un tipo de relato figurado.– Pues si mi hermano, las historias no se escriben citando sino viviendo, y claro, luego relatando.

– Y nosotros ¿a quién le contaremos esta historia? ¿será que encontraremos nuestros propios atajos y dejaremos el camino largo?

– No lo creo, creo que es parte de la vida misma. Lo más probable es que crezcamos y encontremos otros senderos, pero igual en ellos habrán piedras que no veremos.

– Muy cierto. ¿Sabés algo? Toda esta cosa del intercambio me ha dejado bien confuso, ya no sé quien soy yo y quién sos vos. Me perdí en este diálogo.

– ¿Acaso no lo sabés ya? Tan solo mirá como empezamos y la confianza con la que terminamos. Somos uno solo, somos uno mismo. Habitamos la misma cabeza y nos bañamos con la alma.

– Pero, ¿Por qué somos tan diferentes entonces? 

– Por la misma razón por la que hoy nos encontramos. En un mismo bote no hay solo marineros y capitanes, en una misma banda no hay solo guitarristas o bateristas. Así la realidad interna, somos uno, somos muchos, somos varios. Al final la suma de los tantos hacen un todo y cada ingrediente aporta algo personal.

– Si yo soy vos y vos soy yo, ¿entonces por qué te veo?

– Mirá bien cabrón! Estamos frente al espejo. 

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